
Por Gerardo Álvarez
Al promediar la década de 1850 el ingeniero norteamericano Allan Campbell entregó a Justo José de Urquiza, presidente de la
Confederación Argentina cuyo gobierno, separado del de Buenos Aires, tenía su sede en Paraná, un Informe sobre un camino de fierro entre Córdoba i el río Paraná, en el que consideró que esa línea estaba destinada a ser «la válvula de salida de todo el interior». Las gestiones de la Confederación para construir ese ferrocarril, el Central Argentino, resultaron infructuosas, porque no pudo reunir los recursos requeridos a tal fin. Luego de la derrota de Urquiza en Pavón, en setiembre de 1861, correspondió al presidente Bartolomé Mitre la tarea de hacer realidad el proyecto alentado por el vencido.
En setiembre de 1862 se aprobó su construcción, cuando ya la impulsaba el norteamericano Guillermo Wheelwright, quien contaba con el apoyo de inversores ingleses, y en 1863 suscribió un contrato con el gobierno, aprobado por ley el 23 de mayo del mismo año, que garantizaba parte del capital invertido y cedía una legua de tierras a cada lado de la vía y a lo largo de casi todo su recorrido entre las dos grandes ciudades del interior. Los trabajos de la línea se iniciaron en Rosario en 1863, desde donde partió el primer tren, el 1º de mayo de 1866, que se detuvo en Bernstadt-Roldán, Carcarañá. Cañada de Gómez y Tortugas, y el trayecto hasta Córdoba se completó en ese mismo mes de 1870.
Para poblar esa vasta extensión de campos extremadamente aptos para la agricultura y la ganadería, hacia 1869 la empresa ferroviaria creó la Argentine Land and Investment Company Limited, conocida como la Compañía de Tierras del FCCA durante las décadas en que realizó operaciones inmobiliarias y estimuló la inmigración y colonización en las colonias agrícolas establecidas torno de las estaciones. En 1869 la empresa del Central Argentino nombró a Guillermo Perkins, un animoso canadiense que tuvo una destacada actuación en el Rosario de la segunda mitad del s. XIX, superintendente de su Compañía de Tierras, quien de inmediato viajó a Berna con el propósito de interesar a migrantes de la Confederación Helvética –dotados de esa «perseverancia germánica» que tanto entusiasmaba a muchos gobernantes de entonces– y los primeros colonos llegaron a Bernstadt, es decir «ciudad de Berna», ahora Roldán, en 1870.
Y así como la Argentina de entonces había emplazado un gran Asilo de Inmigrantes en Buenos Aires, a orillas del Río de la Plata, así también la Compañía edificó un pequeño establecimiento similar en Roldán, donde se brindaba albergue a los futuros colonos durante sus primeros tiempos, cuyo funcionamiento fue supervisado de manera personal por Guillermo Perkins, virtual fundador de esa colonia y también de Carcarañá, Cañada de Gómez y Tortugas.
Después, la Compañía de Tierras fue estableciendo sucesivas «chacras de la administración» en cada una de las colonias que se iban creando, entre ellas un establecimiento modelo que se llamó Chacra Victoria y se encontraba en Carcarañá –pero en un campo que ahora pertenece al distrito Correa–, en el sector de esa colonia conocido entonces como Carcaraña Oeste, que tenía una estación ferroviaria cercana al río, la que dejó de funcionar cuando comenzó a operar la estación de Correa, el 1º de septiembre de 1878.
Tiene sentido agregar que en una bella litografía que Eduardo Fleuti, imprimió en Rosario y tituló «Carcarañal en 1878», se aprecia la silueta del edificio de esa Chacra de la Compañía de Tierras, que se levantaba no lejos del puente ferroviario, en la vista dedicada al mismo. En ella residía el Administrador de la Colonia, Alejandro Ruffener, quien adelantaba semillas, facilitaba herramientas, enseres y animales y proveía de alimentos a los colonos durante el tiempo en que eran bisoños recienvenidos establecidos en ella.
En un párrafos de sus documentados Apuntes históricos de la Colonia y el Pueblo de Armstrong (Sta. Fe), publicados en 1978, Delmo Daró señaló que allí «… la porción de campo abrazada por la concesión al ferrocarril, que pasó a formar nuestra colonia», se denominaba entonces «Cañada de Gómez – Sección Armstrong» y que resultaba «…probable, que a poco de fundarse La Colonia, se haya establecido la sede administrativa», cuyo edificio se conservaba en el tiempo en que se editara ese libro. Y son también de especial interés las referencias que Daró aporta sobre el administrador de dicha colonia, Horacio Girling, quien «fue algo así como un patriarca para Armstrong» había nacido el Norwich, Gran Bretaña, el 26 de marzo de 1838, se radicara en ese pueblo entre los años 1883 y 1884 y antes se desempeñara como «…administrador de la estancia “La Rosita” (zona de Cañada de Gómez)».
Cuando el 1º de agosto de 1867 Pedro Reün arribó a Cañada de Gómez, al ser designado primer jefe de su estación ferroviaria, se instaló en él con su esposa e hijos y con su cuñada, Margarita Hansen, quien décadas después escribió un ameno relato, Quien realiza un viaje tiene algo que narrar, en el cual al evocar a los vecinos de la comarca, todos pobladores de la zona rural, ella recordó a los Heiland, familia alemana que residía en la estancia Schönberg –ahora Del Sel– de la que era propietario Pablo Krell, yerno del principal empresario del FCCA, mister Wheelwright; a estancieros alemanes o ingleses que residían en campos situados al norte de la Estación y a otros de estirpe criolla, aquerenciados en estancias situadas al sur de la misma, que orillaban el río Carcarañá; y a unos pobladores criollos que moraban en un rancherío débilmente protegido de los malones indígenas por un muro de adobe, quienes seguramente debieron ser los esforzados pobladores del Pueblo Argentino o de los Desmochados, instalados al sudoeste de la misma, en las cercanías de la actual estación Las Trojas que, cuando aún no se había poblado la actual Cañada de Gómez, tuvo algunos atisbos de vida urbana, ya que en él tenía su asiento el comisario del Desmochado Abajo, Cirilo Peralta, y enseñaba el primer maestro de escuela, don Francisco Rodrigo.
A mitad de camino entre ese poblado, conocido como Cañada Vieja, y la actual Cañada de Gómez, la Compañía de Tierras del Ferro Carril Central Argentino fundó un establecimiento de campo similar a los ya mencionados de colonias vecinas, que fue la Chacra de la Administración de la Colonia Cañada de Gómez, al frente de la cual se desempeñaba según sus Apuntes históricos P. Berstech, oriundo de Francia. Para Estanislao Zeballos, autor de La rejión del trigo, y para el inspector de colonias Guillermo Wilcken, las del FCCA eran «colonias modelo» y que el plan a través del cual se las había implementado «era superior a cualquiera de los que conocemos en el país». Cada colono establecido en una de ellas podía adquirir o arrendar con acceso a compra un campo de 20 a 40 cuadras. Además, se le entregaba una casilla de madera, en la que viviría con su familia hasta que pudiese edificar su casa, y se le facilitaba una yunta de bueyes, arado, rastra, semillas, carne y harina, debiendo destacarse que la Administración de la Colonia ejercía una «vigilancia activa sobre todos y cada uno de los colonos», siendo estas normas un anticipo de lo que después preceptuaría la Ley de Inmigración y Colonización Nº. 817, promulgada por el presidente Avellaneda en 1876.
Actualmente la abandonada casona de La Administración puede divisarse, desde lejos, cuando se transita hacia el oeste por el camino de tierra trazado al sur de las vías del Ferrocarril, ya que está coronada por un alto mirador, lo que determinó que popularmente se lo conociera desde hace décadas como El Fortín, aunque en verdad no fue ese su destino y cuando se la construyó, hacia 1870, ya se había debilitado la amenaza que representaban los malones indígenas, el último de los cuales se registró en el Desmochado Abajo en 1872…
Proximamente, publicaremos la segunda parte, que tiene que ver con un trabajo realizado por docente y alumnos de una institución educativa de la ciudad.




































