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Por Gerardo Álvarez

La importante restauración realizada recientemente en el edificio de la sala de la Sociedad Española, que fue “ampliada” por una torpe remodelación que destruyó sus palcos bajos y bellos detalles de ornamentación en los años sesenta, es ocasión propicia para evocar los inicios de la entidad y su inauguración.

En la década del Ochenta, cuando el pueblo y la colonia de Cañada de Gómez iniciaban una etapa de perceptible progreso, no eran muchos los residentes hispanos radicados en el lugar.

La referencia más precisa, el censo de 1887, indica que sobre poco más de tres mil habitantes un tercio había nacido en otras patrias, y que de estos inmigrantes setecientos ocho habían venido de Italia, ciento cuarenta y dos de Francia, cincuenta y nueve de Suiza y otros tantos de la Gran Bretaña y tan sólo cuarenta y siete de tierras hispanas, sin contar a los pobladores de otras nacionalidades.

Por entonces se formó un Centro Español que no tuvo mayor trascendencia, pero al promediar 1889, cuando ya había crecido un tanto el número de peninsulares, ellos dieron vida a la Asociación Española de Socorros Mutuos, de cuya constitución da testimonio una borrosa nota del folio inicial de su primer libro copiador de cartas que reproduce el texto del telegrama que su primer presidente, don Juan Fuentes, cura párroco de la Parroquia San Pedro, remitiera a don Justo López de Gomara, quien además de desempeñarse como cónsul de España en Buenos Aires era director de El Correo Español, diario predilecto de la numerosa colectividad hispana de la Argentina:

«Cañada de Gómez, julio 27 de 1899, Señor Don López Gomara Sr. Cónsul del Cuerpo Español, Buenos Aires. Mañana instalación solemne de Sociedad Española de Socorros Mutuos, con más de setenta socios, asistiendo autoridades locales. Gracias sinceras al Dios que iluminó a Peral en el portentoso invento del submarino, asombro del mundo y gloria exclusiva de España».

Además del padre Fuentes, quien suscribió la entusiasta comunicación junto con el secretario Tomás Gausset, que era corresponsal de El Correo Español en el pueblo, integraban el órgano directivo de la nueva entidad el escribano Guillermo José de Altube como secretario, el tesorero Miguel Fernández y los vocales Fermín Fernández, Pedro Casañas, Francisco Durán y Salvador Márquez.

Los socios fundadores eran muy jóvenes, de edades comprendidas entre los diecisiete y no más de cuarenta años, en su mayoría navarros, catalanes, gallegos y asturianos. Entre ellos había comerciantes y sastres, cigarreros y barberos, panaderos y confiteros, talabarteros y zapateros, un carnicero y un pintor, algunos maestros de escuela, un librero y hasta un par de escribanos (…). Y de acuerdo a lo expresado en una reseña referida a la institución, que en 1929 publicara la revista Atenea,

«En agosto de 1892, la Sociedad que empezaba a hacerse notar por sus adelantos, compra un lote de terreno en el cementerio local para la construcción del panteón social, obra que se llevó a cabo sin contratiempos…».

Al conmemorarse el cuarto centenario del Descubrimiento de América, el 12 de octubre de 1892, los españoles realizaron una romería a través de la cual celebraron el encuentro de dos mundos que posibilitó el viaje de las tres frágiles carabelas comandadas por Cristóbal Colón.

El 24 de octubre de 1895 fue adquirida una bandera nacional y el 19 de marzo del año siguiente se produjo la bendición de los emblemas nacionales de España y la Argentina y del panteón social, siendo madrina de la ceremonia Dolores Repiso. El mismo fue remodelado por el constructor Domingo Flores hacia junio de 1902 y también ampliado en 1916 (…). El 9 de noviembre de 1897 Carlos Delmangano propuso a esos directivos venderles en tres mil pesos una propiedad que poseía en el boulevard Ocampo al 800.

Ellos, interesados en su adquisición, ofrecieron dos mil quinientos pesos, de los que propusieron abonar mil quinientos al escriturar y el resto en el plazo de un año.

Aceptada la oferta, la comisión resolvió, el 17 de noviembre de ese año, cerrar trato con Delmangano, y según el acta del 14 de marzo de 1898, en la que consta «haberse recibido la escritura título de propiedad de la casa social», esa fue la primera reunión realizada en el local propio de la misma. De allí que en el folleto que la Asociación mandara imprimir al conmemorarse su medio siglo de vida se expresara:

«Hace cincuenta años una casita de aspecto humilde servía de sede a los españoles que, sintiéndose solos, pensaron en unirse sobre la base de la finalidad de la ayuda mutua, animados por esa fuerza misteriosa que ha determinado en los anales patrios tantos y tantos sucesos extraordinarios…».

Por entonces se celebraban las tradicionales romerías españolas, que inicialmente tenían lugar en la estancia Las Rositas del inglés Juan Ripley, a quien se entregó una medalla como testimonio de gratitud en 1901, aunque ellas también se realizaron en la vieja plaza República, es decir San Martín, y en el predio que es hoy del Club América, donde se encontraba la plaza Argentina.

En agosto de 1900, según precisara don Elías Bertóla en sus Apuntes históricos, el presidente comunal Félix Pagani, recordado por la excelente gestión que desarrolló entre 1898 y 1904, propuso que se diese el nombre de España a la calle Comercio y el de Umberto Primo a la denominada hasta entonces Pacífico, en homenaje a las dos colectividades extranjeras más numerosas del pueblo.

Demás está decir que la iniciativa, aprobada por el gobierno provincial, mereció la entusiasta aprobación de los convecinos que habían nacido en esas dos naciones europeas.

Y una década después, cuando era presidente Servando Martínez y en el marco de la jubilosa celebración del Centenario, la Unione e Benevolenza y la Asociación Española donaron sendas placas que se descubrieron el 20 de setiembre y el 12 de octubre de ese año en dichas arterias.

La costeada por los italianos lamentablemente no se ha conservado, pero felizmente puede apreciarse la que obsequiaron los españoles en la fachada de la confitería La Imperial, sita en la esquina de España y Lavalle.

Corresponde hacer una digresión para destacar el múltiple accionar que desarrollaron aquellos esforzados pioneros de la institución, ya que ellos se preocuparon por establecer y asegurar los socorros mutuos que eran indispensables para muchos asociados que sufrían estrecheces económicas; por edificar o ampliar el panteón social, que fue el único erigido por una colectividad en el cementerio local; por adquirir un amplio terreno en el que levantaron el teatro de la institución; por celebrar alegremente, a través de legendarias romerías, sus festejos patrios, especialmente los de cada 2 de mayo y los del 12 de octubre; y también por participar entusiastamente de las celebraciones patrióticas de la nueva tierra en que se habían aquerenciado.

Pero además no deja de asombrar que sus mentes y sus corazones hayan estado siempre muy atentos a lo que sucedía en la amada patria que habían dejado atrás, del otro lado del mar (…)

En el tiempo en que el país festejaba su primer Centenario, los directivos de la Asociación concibieron el proyecto de levantar el Teatro Sociedad Española.

A tal fin los directivos y asociados de mayores recursos realizaron significativos aportes, se organizaron rifas, kermeses y las tan concurridas romerías y también veladas en el Salone XX Settembre de la Unione e Benevolenza, como las concretadas en noviembre de 1909.

En marzo de 1911 los directivos solicitaron al presidente de la Comisión de Fomento, doctor Teófilo Queirel, la aprobación de los planos de la sala, que tendría desde el frente a la pared del fondo treinta y cinco metros y medio, siendo la «luz de las piezas de cuatro metros de alto» y estando su entrada flanqueada por dos habitaciones de siete metros por seis.

Los hermanos Piñol tuvieron a su cargo la construcción de la sala, cuya fachada realzaban dos artísticos faroles obsequiados por Alejo Mörch, el titular de la antigua farmacia del Pueblo, y su vestíbulo los cortinados que donara don Ángel García, el titular de la conocida tienda La Favorita de Rosario…

El Teatro Sociedad Española se inauguró el 30 de septiembre de 1911, con un «Vermouth de Honor» para toda la concurrencia y la actuación –por la noche y en días siguientes– de la compañía zarzuelera de Miguel Magaldo, cuyo repertorio integraban El guitarrico de Agustín Pérez Soriano, típica composición del género chico que había sido estrenada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid el 12 de octubre de 1900 y una década después ya era famosa, en especial por su «Jota de Perico»; zarzuelas tan conocidas como La Patria Chica y El puñao de rosas de Ruperto Chapí y la muy patriótica Cádiz de Federico Chueca, dos de los compositores madrileños más inspirados, populares y queridos de entonces; además de otros títulos infaltables en los repertorios de aquel tiempo…

Foto:

Socios y autoridades al inaugurarse el Teatro Sociedad Española, 30-11-1911