Argentina volvió a ser protagonista. Esta vez conecto con el disfrute.
Los futbolistas pudieron transformar la presión que los sofoca (la cornisa de que en 90 minutos te quedas o te volves) en disfrute.
La presión es un candado, el disfrute la llave.
Hay que volver al disfrute como modo de habitar la cancha. Ahí somos. Ese es nuestro lugar de fuerza.
Messi luego de errar el penal sonríe (naturaliza en lugar de dramatizar y asi se vuelve peligroso para el contrincante) y sigue, se convierte en alguien liviano y cobra filo.
Aparece el equipo. Se suman toques desde el placer de encontrarse y asi recupera el brillo.
La gente en el estadio eligió volver a cantar "...y ya lo ve, el que no salta es un Ingles".
Nadie separa el futbol de la herida porque son inseparables.
Banderas de Diego presentes y una honra eterna, sagrada, ritual.
Hoy el pueblo argentino volvió a ser feliz y en estos tiempos esto es un montón.
A este infierno de presiones y tensiones contraponer humildad y disfrute.
Y es así cumpas, como el sueño colectivo en cada casa va tomando cuerpo y alma.




































