
3ª. Nota por Gerardo Álvarez
El 6 de octubre se celebra el Día del Circo en homenaje a José Podestá. Una atractiva nota a través de la cual La Nación lo recordara en esa fecha del año 2022, evocó que
« Nació el 6 de octubre de 1858 en Montevideo, Uruguay. Estudió música en la banda municipal de su ciudad, donde pronto comenzó a sentirse atraído por los circos europeos que visitaban la capital. Su familia había residido tanto en Uruguay como en la Argentina, por lo que José visitaba Buenos Aires con frecuencia. En 1873, junto a sus hermanos Antonio, Gerónimo y Pablo, fundó la Compañía de los Hermanos Podestá. Esta se basaba en la consolidación de un circo autóctono, junto con el desarrollo de las técnicas artísticas de la región. Siete años más tarde, la empresa desembarcó en Buenos Aires con el nombre de Circo Arena. Allí ganó mayor reconocimiento, y comenzó a interpretar nuevas obras y a desarrollar su estilo. Luego, tomó el nombre de Circo Criollo, dado que se destacaba por celebrar la cultura argentina, sus costumbres y valores, con presentaciones que se diferenciaban de lo que se acostumbraba en esa época con las franquicias europeas. Además, creó a Pepino el 88, un payaso original que utilizaba un disfraz fabricado con sábanas a lunares y decía la emblemática frase: “Acepto, estudio, trasnocho, salto, brinco, con maestría, y el público casi chocho, me llama desde aquel día, Pepino el ochenta y ocho”. Con este personaje, ganó reconocimiento tanto en Uruguay como en la Argentina».
«Pepe creó también a Juan Moreira: esta era una de sus representaciones más populares, con la que plasmaban los conceptos claves de la cultura criolla. Se trataba de un gaucho disruptivo, que luchaba por la justicia e igualdad para el pueblo argentino. Asimismo, este artista se destacó como acróbata y actor, y su rol permitió replantear la figura y constitución del payaso para darle una identidad rioplatense»19.
Héctor García Martínez en un trabajo que titulara «El viejo circo criollo, escuela de arte y cuna del teatro nacional», expresó que «a fines del siglo XIX, se había convertido ya en un género con características muy diferentes a los de otros países», tras lo cual enriqueció su texto con cálidas vivencias personales:
«Al recordar la infancia muchos tendremos presente cuando nuestros padres, tíos o abuelos nos llevaban al circo, disfrutábamos con las notas cómicas de los payasos, vivíamos momentos de suspenso deslumbrados con las pruebas arriesgadas de los trapecistas, acróbatas, domadores de fieras, jinetes que hacían piruetas sobre los lomos de los caballos. Este era y es el clásico espectáculo circense europeo.
«El circo criollo se diferencia por constar de dos partes; la primera similar al europeo, en la segunda se representa una obra de autor nacional. Livio Ponce, en su interesante trabajo El Circo Criollo, sostiene:
«El circo con escenario, donde las obras teatrales juegan el más importante rol artístico, creación netamente argentina y uruguaya, es el verdadero circo criollo.
“En esta forma de espectáculo con primera y segunda parte radica la esencial diferencia entre el circo criollo y el extranjero, sea americano, europeo o asiático”.
«En los comienzos se representaban dramas europeos: Los Brigantes de la Calabria, Los Bandidos de Sierra Morena, etc. A fines del siglo XIX, los hermanos Podestá pioneros fundamentales de este tipo de espectáculos, incluyeron en el teatro móvil circense la pantomima Juan Moreira. Al poco tiempo, en Arrecifes, a Pepe Podestá le sugirieron transformar la pantomima en drama. En 1886 en Chivilcoy se estrenó el drama Juan Moreira, el primero representado en los circos, luego siguieron otros: Martín Fierro, Pastor Luna y Hormiga Negra.
«En medio de la obra se bailaba un gato y Pepe cantaba un estilo. Esta fue la cuna del teatro argentino. La repercusión fue inmediata, principalmente entre la población rural analfabeta, por verse allí representada. En cierta oportunidad, durante la representación de un drama, en el momento en que el protagonista era atacado por un policía, de la platea subió al escenario un espectador, facón en mano, para defender a Juan Moreira»20.
Cañada de Gómez tuvo, entre el 17 y el 20 de julio de 1929 el irrepetible privilegio de enriquecer su historia teatral con la presentación de José Podestá –quien moriría unos años después, el 5 de marzo de 1937–, con su célebre compañía, pionera de la escena criolla, que en la última de esas fechas ofreció en el Cervantes nada menos que el Juan Moreira de Ricardo Gutiérrez. Así lo testimonian un par de comentarios publicados en La Nota al promediar dicho mes de 1929, el primero de los cuales, titulado
«Compañía Podestá Hnos», expresaba:
«Mañana miércoles 17 debutará en el Teatro Cervantes la compañía de Podestá Hnos., a cuyo frente se hallan los verdaderos fundadores del Teatro Nacional. Nos referimos a don Pepe y don Antonio Podestá. La serie de representaciones será de cinco funciones, tres de las cuales serán de abono. La función del debut cuenta con el siguiente programa: La piedra del escándalo y La chacra de don Lorenzo. Los seis actos en verso de don Martín Coronado. Grandiosa novedad. En la representación de ambas obras se intercala una película dividida en dos prólogos y 4 entreactos, filmada por los mismos artistas que interpretan las citadas piezas y que contienen los episodios de mayor interés que se relatan en la misma. Reparto de La piedra… Rosa, Sira Podestá; Leonor, Aurelia Podestá; Matea, Mª Riva; Pascual, José Podestá; Don Lorenzo, Antonio Podestá; Manuel, Aparicio Podestá; Don Pedro, Arturo Riva; Alejo, Humberto Scotti; Ciriaco, Enrique Bernaudo; Elías, Conrado Casas; Carlos, Angel Díaz. De La chacra… Rosa, Sira Podestá; Leonor, Aurelia Podestá; Silvia, Martha Morando; Pascual, José J. Podestá; Don Lorenzo, Antonio Podestá; Manuel, Aparicio Podestá; Alejo, Humberto Scotti; Ciriaco, E. Bernaudo; Carlos, Angel Díaz, Elías, Conrado Casas.»1
Y la otra crónica, que pudo leerse el 18 de julio, incluyó el comentario de las primeras obras representadas y se refirió a las que cerrarían la labor del elenco, de cuya actuación en el Cervantes conserva aún recuerdos don José Cantori, quien presenció una de ellas, Bendita seas:
«El miércoles 17 hizo su debut en el Teatro Cervantes la compañía nacional que forman los hermanos Podestá, bajo la dirección del viejo maestro del arte escénico, don Pepe Podestá y secundado por un discreto conjunto de artistas. El debut según se presumía, constituyó un éxito tanto de boletería como artístico; la sala se vio muy concurrida y los nutridos aplausos al final de cada uno de los actos de La piedra del escándalo y La chacra de don Lorenzo obras que se pusieron en escena, evidenciaron que el público quedó satisfechísimo de la labor de la compañía que, en general se desempeñó bien. Anoche, con la representación de El rosal de las ruinas del malogrado Belisario Roldán, se repitió el éxito del miércoles. Para esta noche anuncia el cartel La ley oculta y El compromiso de Marta. Mañana dará Jesús Nazareno de Enrique García Velloso y el domingo última función, Bendita seas de Alberto Novión. El espectáculo terminará con una gran fiesta criolla del drama Juan Moreira»2, que, como es de imaginar, culminó con el clásico Pericón Nacional que bailaba toda la compañía.
Después de esos pioneros, fueron muchos los circos y hasta los elencos de radioteatro que repusieron Moreira o representaron otras obras del repertorio gauchesco, como Martín Fierro, Santos Vega o Juan Cuello, emocionando, divirtiendo e ilusionando a varias generaciones. Y en tiempos más cercanos fue el radioteatro rosarino en que mantuvo vigente el género, en en salone XX Settembre, los teatros Verdi y Cervantes y también en las humildes carpas de los circos que de tanto en tanto ocupan los pocos grandes baldíos que van quedando…
De allí que sea conducente, antes de terminar esta evocación de la presencia del circo en el Cañada de ayer, recordar las cálidas expresiones con las que Enrique Muiño, el inolvidable protagonista de notables éxitos del cine nacional, tales como La Guerra Gaucha o Su mejor alumno, manifestara su afecto por los espectáculos gauchescos:
« ¡Usted no sabe cómo eran de agarradores aquellos circos de antes, amigo! Desde la calle le pialaba a uno el corazón la musiquita ruidosa y linda de la banda (...) En los pueblos del interior el circo era la fiesta, la magnífica fiesta que todos esperaban. Alguna vez habrá que hacerle un monumento al circo criollo... »
De allí que ahora, cuando ha transcurrido tanto tiempo desde que Muiño expresara esa cálida opinión sobre los circos de antaño, sea justo coincidir con ella, porque en verdad la «musiquita ruidosa y linda de la banda», más los tonys, las écuyères, los pruebistas, los contorsionistas y los gauchos matreros y las endomingadas chinas de los dramones criollos, convertían las visitas de esos «cómicos de la legua» que salían a «hacer el bosque» por los pueblos del interior en una «fiesta, la magnífica fiesta que todos esperaban... »
19 La Nación, Buenos Aires, 6 de octubre de 2022.
20 GARCÍA MARTÍNEZ, HÉCTOR: «El viejo circo criollo, escuela de arte y cuna del teatro nacional», La Nación, 3 de febrero de 2007.
21 ÁLVAREZ, GERARDO: «La Asociación Española y el Cervantes – Historia de la centenaria Asociación Española de Cañada de Gómez, fundada en 1889, y de su teatro, inaugurado en 1911 (libro inédito).




































