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Hoy 12 de febrero de 2023, se cumplen 60 años de la clausura definitiva del sistema tranviario rosarino, tras 56 años de la electrificación y 91 desde las primeras líneas a tracción equina.

Las últimas 6 líneas en operación (1, 2, 4, 6, 10 y 21), habían concluido su actividad comercial en la víspera.

En la mañana, los coches 278 y 287 hicieron el trayecto final entre la Municipalidad y la Estación principal, en Riccheri y Zeballos.

Uno de esos coches fue guiado por Ángel Romano, inmaculado hombre del Riel urbano, a la sazón asociado fundador de la A.R.A.R. Y propulsor esencial de la reconstrucción del Tranvía Histórico 277, que lo tuviera como motorman durante muchos años en las líneas 9, 19 y 15.

El exterminio tranviario fue un fenómeno continental (de ultramar en muchos casos), pero con una especial saña en la Argentina; habiéndose consumado prácticamente en forma simultánea en casi todas las ciudades del país.

En Rosario fue motivo de aversión para un comisionado interventor municipal que evitaremos nombrar, y que en su efímero paso por la función, perpetró crímenes urbanos que sin embargo fueron aplaudidos por la sociedad de aquel entonces, teñida de una pátina de “progreso”.

Así se dilapidó una infraestructura de casi 200 kilómetros de rieles en la ciudad.

Es cierto que la mayoría de la flota databa de 1906 y que las últimas incorporaciones habían sido hacía casi dos décadas. Pero el camino era renovar los coches y no quitarlos. Ya muchos años antes, los Estados Unidos habían lanzado sus modernos tranvías PCC.

Nuestro fundador Ramón Farreró Gou advertía la existencia de esas modernas tecnologías, empero su quijotesca cruzada didáctica y esclarecedora, jamás fue tenida en cuenta por aquellos que decidían.

También es verdad que la última década de la empresa -provincializada- estuvo signada por la anomia y las corruptelas, pero aquello era subsanable con la adopción de modelos de gestión trasparentes. Lo que se hizo en cambio, fue regalar el patrimonio público para que fuera explotado por gran parte de aquel personal que con huelgas crónicas había horadado la estructura de la ETR.

Los ómnibus privatizados dieron lugar a chasis de camiones. Los trolebuses, pretendidamente reemplazantes de los tranvías, resultaron insuficientes.

Los venerables tranvías fueron despojados de sus órganos vitales. En muchos casos terminaron como aulas, o sencillamente, desguazados.

El triunfo de los Amigos del Riel es el Tranvía Tranvía Histórico 277, reconstruido a lo largo de tres décadas. Hoy consagrado a la recreación y a la nostalgia, como testimonio vivo de lo que una ciudad que pensaba en grande fue capaz de lograr.

Nuestra prédica sin embargo va más allá: la de demostrar que los tranvías eléctricos mantienen plena vigencia, son modernos y vitales en ciudades que sí tienen ambiciones y que no tienen gobernantes con mentalidad aldeana.

A 60 años de aquella ignominia, nuestra visión evocativa se transforma en palabra de futuro, en procura de un transporte urbano que esté a la altura de nuestras necesidades y que haga honor a la historia de Rosario.