
Corrían los años 70 y Cañada daba un paso a la modernidad en el manejo de los residuos domiciliarios.
De ser depositados en tachos de 20 litros en la generalidad, 2 por casa, y sacarlos a la calle para que el recolector los vacíe en acoplados tirados por tractores o camiones volcadores, por ordenanza municipal sancionada oportunamente, a partir de esos años, debía ser depositado y sacado del domicilio en bolsas de residuos y ponerlos en canastos instalados en la vereda; y allí aparecieron los vecinos del oficio metalúrgico, muchos de ellos, empleados de la Helvética, quienes tras salir de sus trabajos, con creatividad e imaginación creaban algunos.
Con hierros puestos en zig zag, en paralelo, con dibujos y más, de a poco Cañada se fue llenando de canastos. De alto valor en su momento y también sistema resistido por muchos, como todo cambio.
Aunque han pasado 50 años, muchos de ellos aún siguen en pie, como el que vemos en imagen, la mayoría instalado en el barrio de Newells y también por muchos barrios de Cañada, forjados por el vecino Elvio Pozzetti, realizados en su taller de calle Alberdi al 200, que tenía esta impronta en particular, siendo uno de los primeros en impulsar el emprendimiento a nivel comercial.




































