El 26 de octubre de 1879, se colocó la piedra fundamental del primer templo católico de nuestra ciudad bajo la advocación de San Pedro Apóstol.

 

Bajo su protección y sus cuidados quedaba esta incipiente población de inmigrantes en su mayoría italianos y españoles, ambos con una fuerte religiosidad católica y de gran fe.


 

De a pocos fueron llegando llenos de entusiasmo y el pueblo fue tomando forma, nutriéndose y creciendo gracias al esfuerzo y espíritu de progreso de estos primeros habitantes.

Hoy, como ayer, después de 144 años pidamos a nuestro Patrono San Pedro que acompañe a cada uno de los que habitan esta ciudad, sin distinción alguna, a forjar con el entusiasmo y el tesón de los primeros pobladores, una comunidad que elija el amor, el servicio, el respeto, la honestidad y el bien común en lugar de intereses particulares.

Que nos acompañe a superar el desaliento de hoy, el individualismo, la indiferencia espiritual y los graves problemas que hoy aquejan a nuestra juventud. Que profundicemos cada vez más nuestro compromiso bautismal dejándonos amar por Dios y descubriendo que con Él, podemos confiar, vivir en paz y experimentar la alegría de la presencia del ESPÍRITU en toda nuestra ciudad.

¡Celebremos a nuestro Patrono en comunidad!

Laicas Antonianas