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Hacia 1930 y durante las dos décadas siguientes la colectividad hispana tenía una activa presencia en la vida comercial

de nuestro pueblo, y los prósperos comercios que pertenecían a los inmigrantes que la conformaban también contribuían con avisos y anuncios en los programas de la revista Cervantes Teatro publicada por Nemesio Valbuena. Baste con nombrar los hoteles Universal –que aunque a inicios del s. XX pertenecía al uruguayo Rosendo Casañas antes había sido del gallego Francisco Durán– y Colón de Antonio Vaquero; comercios tan importantes como la Casa Vázquez, negocio de ramos generales fundado en 1901 por Juan Jáuregui y Eugenio Vázquez, a quien acompañaron en la firma otros inmigrantes hispanos como su hermano Basilio, Francisco Cabezudo, Juan Zamora y numerosos empleados de ese origen; El Depósito, cuyo rubro eran también los ramos generales, de Fausto Aboitiz; las grandes tiendas La Madrileña de los hermanos Pascual, La Nueva de Cejas y Monsalve, La Casa Central de Pérez Vázquez, Fernández y Casariego, La Imperial, que administró tantos años Alberto Castells, eterno tesorero de la Asociación Española, la casa de ramos generales de los hermanos Cañón, y desde la década de 1940, tienda La Unión, de la familia Garma; las sastrerías de Eladio Fernández y Pedro Castro; el estudio fotográfico de Antonio Vadell; las confiterías Los Dos Chinos de Miguel Martorell y La Perla de Ezequiel Arciniegas; el bazar Oriente de Joaquín Valencia; la relojería de Pedro Calderó; el depósito de vinos y frutas de Domingo Castells, la estación de servicio de Francisco Fernández Lozano…

Y esa presencia también se haría notar en el quehacer industrial del pueblo, a través de talleres y fábricas muy conocidos, como la manufactura de tabacos La Honradez de Miguel Fernández y hermanos, creada a fines del. XIX; las fábricas de soda, aguas gaseosas y licorerías de Ricardo Domingo y de Marcelino González, instalada esta última en 1907; los talleres gráficos de la familia Giró y de José Gil Martínez; la panadería La Piamontesa, que no obstante el itálico nombre heredado de su anterior propietario perteneció a Dionisio García y sería luego el origen de la importante fábrica de galletitas de don Mariano Serrano. Y hubo también un valenciano, D. Valentín Terradez, que dejó en el historial de La Helvética la impronta de su carácter y su temperamento, su laboriosidad y su inteligencia…
Españoles fueron los dos curas de más dilatada actuación en el Cañada de la primera mitad del siglo XX, Mateo Llodrá y Manuel Aizpuru, y también lo eran los boticarios Vázquez de Novoa, Manuel Villarnovo, el de la farmacia del Pueblo, e Isidro García y Vicente Muñoz, quienes fundaron la Hispano Argentina en 1925, continuada luego por su hijo Norberto –que como él fuera presidente de la Asociación Española–, y El Sol, en 1936, respectivamente. También habían nacido en España ese sufrido y talentoso pintor que fue Jaime Miralpeix y don Vicente Beltrán, cuyo querido nombre lleva hoy la Banda Municipal. Y de León había venido el más recordable periodista de Cañada de Gómez, Nemesio Valbuena, avezado conocedor de la lengua castellana, director de La Nota y estudioso del pasado local, quien hasta escribió en la década de 1930 La Gran Avenida, divertida zarzuela de ambiente cañadense que puede cantarse con la deliciosa música de La Gran Vía de los afamados maestros Federico Chueca y Joaquín Valverde cuyo estreno en el Madrid de 1886, justamente cuándo se discutía si era oportuno y conveniente concretar todas las demoliciones que requería la apertura de esa avenida, había constituido un verdadero suceso, el que se repetiría al año siguiente en Buenos Aires, unos años antes de que fuera trazada la Avenida de Mayo, obra cuya realización exigió un esfuerzo equivalente…

La motivación que inspiró a Valbuena para escribir esa versión lugareña de aquella deliciosa composición de Chueca y Valverde, en la que sustituyó la ocurrente letra de Felipe Pérez y González por la que redactara a tal efecto, debe buscarse en una avanzada iniciativa de índole urbanística que alentó la Municipalidad a inicios de la década del treinta, consistente en la traza de una avenida «al sud del canal que rectifica el arroyo Cañada de Gómez arrancando de calle Quito a San Lorenzo», a la que se impondría justamente el nombre de 6 de setiembre, aunque una vez finalizada la dictadura de Uriburu, a través de la Ordenanza N.º 106, se la denominaría Avenida del Arroyo… Y al tiempo que don Nemesio escribía la letra de su ocurrente zarzuela «de ambiente cañadense», el 8 de agosto de 1931 La Nota daba cuenta de que la Municipalidad había adquirido «Plantas para la nueva Avenida», que se trazaría «… a lo largo del canal que rectificará el arroyo “Cañada de Gómez”», la que sería bordeada por «dos hileras de álamos en ambas calles trazadas a lo largo de dicho curso de agua…».

Valbuena tituló su tan original versión de aquella obra clásica del género chico hispano La Gran Avenida - «Revista Cómico-Lírica, Fantástico callejera de ambiente cañadense - En un acto y cinco cuadros», debiendo destacarse que los fragmentos cantados pueden entonarse con la música original de la alegre composición de los nombrados músicos hispanos, y que dan inicio a la misma un cuadro en el que desfilan por parejas «Calles, Plazas y Callejones», remedando el pasacalle de la misma, ambientada en el pintoresco Madrid que tan vívidamente describiera en sus novelas don Benito Pérez Galdós:
«Somos las calles, somos las plazas / y callejones de Cañada, / que por un recurso mágico / nos podemos hoy congregar aquí. / Es el motivo que nos reúne / perturbador de un modo tal / que solamente él causaría / un trastorno tan fenomenal.
»En tertulias y cafés, ¡es! / dónde dos personas haya ¡vaya! / el motivo en cuestión / siempre sostiene la conversación. / Por lo extraño que es ¡pues! / lo comentan de mil modos ¡todos! / y hay quien piensa quizá / que es un infundio que no cabe más.
»Pero si naciera y por esa causa / a estas otras calles fuera a descuidar, / nos sublevaremos y los concejales / nuestras protestas escucharán. / Pues si la Avenida, por ser costanera, / cuando nazca, a todas trata de humillar, / va a llevar un susto, de seguro, / grande, la Municipalidad».
En esa tan original versión de esa deliciosa obra del género chico hispano, además de pintar con frescura y autenticidad el pueblerino entorno del Cañada de entonces, Valbuena también deslizó sutiles críticas a sus autoridades municipales, tal como lo refleja el diálogo siguiente:
«Turista - Llego a tiempo ? He oído decir que la Municipalidad…
»Lavalle – Nuestra muy cara Municipalidad, dirá.
»Ocampo – Sí, porque nos es muy cara por muchos conceptos…
»Todas - ¡Carísima!
»Turista – Bueno, como ustedes digan. Pero al caso: no está por dar a luz una nueva Avenida?
»Lavalle – A luz ? A oscuras, querrá usted decir, como tiene todavía a algunas de nuestras hermanas, porque hay algunas en que de noche no se ve ni lo que se conversa.
»Turista – Pues yo estoy deseando que nazca de veras esa nueva Avenida, porque según el horóscopo, será la más hermosa y la mejor de todas, costeando el gran río (…)».
Resulta particularmente graciosa en La Gran Avenida la reyerta entre las dos calles más importantes, Lavalle y Ocampo, cada una de las cuales hacía alarde en ella de lo que por entonces tenía:
«Lavalle – (Como queriendo agredirla) La envidia te hace hablar así, porque yo tengo el alto comercio, la Iglesia, el Club, las confiterías, y en las tardes estivales o de buen tiempo mi vereda izquierda, o derecha, según para donde se mire, es la del gran desfile femenino y por eso el punto de reunión de todos los aspirantes a Don Juanes…
»Ocampo - ¡Vaya, vaya, con lo que se pone orgullosa esta señora! Todo eso son pamplinas al lado de lo que yo tengo y que me da importancia indiscutible, los bancos, el Círculo, el teatro Cervantes, la Jefatura, la Biblioteca, el Palacio Municipal.
»Turista (Apaciguándolas) Vamos señoras, que yo no he venido a presenciar estas disputas callejeras. Soy turista de descanso accidental aquí, y tengo costumbre, ¿en qué otra cosa se puede uno entretener aquí? De visitar a ustedes diariamente andándolas de punta a punta. Hoy supe que estaban reunidas para deliberar sobre el presunto nacimiento de la gran Avenida y dije: allá voy, yo también quiero saber de lo que se trata y si eso del nacimiento será verdad.
»Ocampo – Pues yo creo que va a tener usted que esperar sentado para presenciarlo.
»Turista - ¡Cómo!
»Lavalle – Claro, de dónde va a sacar la Municipalidad, en estos tiempos, para la magistral creación ? .

El texto precedente pertenece al libro inédito del autor El Cervantes – Historia de centenario Cine-Teatro de la Asociación Española de Cañada de Gómez.