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Por Gerardo Álvarez

Tal como lo señalara quien esto escribe en su libro El Verdi - Historia del Cine- Teatro de Cañada de Gómez y sus

recordables visitantes (1925- 2008), el notable éxito que entre el 9 y el 14 de abril de 1927 había logrado en esa sala la compañía teatral de la montevideana Gloria Ferrandiz, 1893-1970, quien dirigida por su esposo, el notable director y autor teatral Francisco Deffilipis Novoa, 1890- 1930, puso en escena algunas de sus obras más conocidas, La Loba, La Madrecita y El alma de un hombre honrado, además de una de Eduardo Marquina y otra de Enrique Zumel, determinó que con su primer actor Orestes Caviglia, 1893-1971, el mismo director y su distinguido elenco, ella retornase a la sala en marzo del año siguiente. En esta ocasión pusieron en escena El Cisne de Franz Molnar, una comedia de Enrique García Velloso y la teatralización del Santos Vega que escribió Luis Bayón Herrera. En setiembre de ese mismo año se presentó la «Compañía de alta comedia Karr-Prandi», que puso en escena Doña Diabla de Fernández Ardarín. Y el 8 de julio siguiente la revista cañadense Atenea comentó que

«A la venida de compañías de mérito conocidas como son las encabezadas por Camila Quiroga y Angelina Pagano, se agrega ahora la de Blanca Podestá. En el teatro nacional, el apellido Podestá, figura en primera fila y basta fijar la vista hacia atrás para encontrar en lo más prominente de nuestro teatro el apellido de la actriz que por primera vez actuará en nuestra ciudad».

En esa visita la afamada compañía de Blanca Podestá, 1889-1967, de la que formaba parte la notable actriz hispana Blanca Vidal, 1885-1962, representó dos obras, Almas desnudas y La Sombra, mereciendo de esa publicación el siguiente comentario de La Nota:
«La interpretación hecha en la obra “La Sombra”, no pudo ser más estupenda, demostrando en esta forma cuan merecidos son los elogios del autor de la misma Sr. Dario Nicodemi, que calificó a Blanca Podestá como la mejor intérprete del papel principal de su obra. Dejó Blanca Podestá esta ciudad satisfecha por la unánime aprobación del público que le dispensó una magnífica demostración de afecto».

El 21 de junio de 1929 La Nota anunció el retorno de la Podestá, comentando que «esta compañía nacional de dramas y comedias hará su debut en el Teatro Verdi el día 3 de julio próximo». Bueno es recordar que ella, una de las figuras mayores de nuestra escena, había iniciado su carrera en 1903 junto a su padre, Jerónimo Podestá, 1851-1923, merecido una temprana consagración al integrar el elenco que estrenó M’ hijo el dotor de Florencio Sánchez y obtenido resonantes triunfos junto a su tío Pablo Podestá, 1875-1923, Elías Alippi, 1883-1942, Miguel Faust Rocha, 1898-1961 y otros primeros actores.

Una semana más tarde el periódico hacía referencia a «los reconocidos méritos artísticos de Blanca Podestá y del discreto conjunto que la secunda, los que ya se pusieron de manifiesto otra vez en esta ciudad...». Entre los que con seguridad acompañaron a la admirable actriz, estaban el primer actor Pablo Acchiardi, 1894-1974, y las actrices Teresa Senen, Josefina Meliá e Irma Córdoba, 1913-2008, cuyos retratos reprodujo La Nota en su edición del 2 de julio, indicando en cada caso que se trataba de una «dama joven de la Compañía Blanca Podestá». Es probable que haya formado parte del elenco Miguel Faust Rocha, por entonces su primer actor, y debe acotarse que Irma Córdoba se había iniciado en la compañía de Angelina Pagano, 1888-1962, que luego trabajó con Blanca Podestá y Eva Franco, 1906-1999, y que por entonces soñaba con interpretar la Julieta de Shakespeare cosa que, según ella misma confesara, «no pudo ser (porque) cuando era muy jovencita aún no podía hacerlo» y cuando se sintió capacitada para ello «los años habían pasado...».

Después de las dos funciones brindadas, el cronista de La Nota publicó el siguiente comentario:
«Debutó el 3 del corriente en el Teatro Verdi la compañía nacional de alta comedia, Blanca Podestá, la que ha hecho honor una vez más a la justa fama adquirida, como intérprete insuperable del arte escénico. La sala del Verdi se vio totalmente ocupada por nuestras familias y muchas de los pueblos vecinos, tanto el martes como ayer, noches en que se representaron “El Rosario” y “La Volanta”. Hoy, última función de la compañía, se pondrá en escena “Amalia” en la que Blanca Podestá hace una creación magnífica en su rol protagónico».

La versión de la novela de José Mármol, escrita por Julio Castellanos, había sido estrenada por ella en el Teatro Comedia de Buenos Aires en la temporada de 1904. Como recuerdo de esa noche tan especial que jerarquizó la vida teatral de Cañada de Gómez se conserva en el Museo Histórico Municipal una gran fotografía enmarcada en la cual se aprecia la sala colmada hasta las más alejadas localidades del Paraíso, en la que puede leerse «Aspecto que ofrecía la sala del Teatro Verdi la noche del 5 de julio de 1929 durante la representación de Amalia por la Compañía Blanca Podestá en su segunda temporada».

La mayor parte de los elencos teatrales que actuaron en la ciudad desde que promediara la década de 1920, y sobre todo los más afamados, preferían hacerlo en el Verdi, ya que poseía variadas escenografías, amplios camarines y una capacidad sensiblemente mayor, que posibilitaba la obtención de mayores recaudaciones en el caso de obras que resultasen atractivas para el público. Pero la «compañía de alta comedia» que encabezaban la ya nombrada gran figura de la escena nacional que fuera Blanca Podestá y el primer actor Miguel Faust Rocha, elenco que ya se había presentado en julio de 1929 en la sala de la Asociación Italiana con la ya aludida Amalia de Julio Castellanos, también lo hizo en el teatro de la Asociación Española, según indicara La Nota, en 1930 y en agosto de 1931, aunque lamentablemente el cronista no precisó qué obra u obras pondría en escena:

«La empresa del Teatro Cervantes ha contratado la Cía. Argentina de Dramas y Comedias que encabeza la prestigiosa actriz Blanca Podestá que tantas simpatías cuenta entre nuestro público.
»Dicha compañía, que viene con su elenco completo, dará en el Cervantes dos únicas funciones, que se llevarán a cabo el lunes 17 y martes 18 del corriente, poniendo en escena dos de las mejores obras de su bien nutrido repertorio.
»El abono abierto en la secretaría del teatro va cubriéndose rápidamente, por lo cual es de esperar que la actuación de dicho elenco entre nosotros ha de constituir un éxito completo».

Otra visita de la Podestá a Cañada de Gómez tendría lugar el 21 de agosto de 1935, cuando después de exitosas temporadas en los teatros capitalinos Sarmiento, Porteño, San Martín y Fémina volvió a presentarse en el Verdi con «el estreno del más grande éxito de la actual temporada teatral, “Dios se lo pague”, comedia en tres actos divididos en nueve cuadros del autor brasileño Joracy Camargo», según expresara el anuncio de La Nota que precisó además:
«La interpretación que de esta obra hace la Compañía de Blanca Podestá, es verdaderamente magistral, estando los principales roles a cargo de los prestigiosos artistas Blanca Podestá, Pablo Anchiardi, Enrique Roldán, Esther Paonesse, Francisco Vázquez, María Canche, A. Córdoba».

El periódico cañadense aclaró que en esta ocasión los precios serían populares, ya que al parecer en la actuación anterior en la ciudad, al fijar a las entradas un valor demasiado alto, la concurrencia había sido escasa. De allí que el cronista expresara: «La derrota de aquella vez por lo menos les habrá dejado sus enseñanzas…».

Y tal como expresara quien esto escribe en su libro El Verdi, La Nota informó que «Después de una brillante actuación en Radio El Mundo de Buenos Aires, la eximia primera actriz Blanca Podestá», que encarnaba «el temperamento más intenso y vigoroso del teatro nacional, como dijera el gran maestro Jacinto Benavente», había resuelto en esa temporada, «ofrecer a su adicto público del interior de la República las últimas novedades teatrales de la Capital Federal… ». Sería esa su quinta y última actuación en Cañada de Gómez, que tuvo lugar en el Verdi el 21 de noviembre de 1937, sala en la que ofreció dos funciones de La Madre Guapa de Adolfo Torrado, 1904-1958, autor gallego de melodramas poco creibles con finales felices que, como éste, alcanzaron éxitos resonantes durante los años treinta y los cuarenta, pero que ahora merecen el más absoluto olvido…