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Al iniciarse la década de 1920 la próspera y numerosa colectividad italiana de Cañada de Gómez decidió concretar la vieja idea de levantar un gran teatro. Por ese entonces,

además del Salone XX Settembre de la propia Unione e Benevolenza el pueblo ya contaba con el Teatro Cervantes de la Asociación Española que había sido habilitado en 1911. Un italiano cuyo nombre se asociaba al proyecto de construir el teatro, Ferruccio Ardigó, volvió a ocupar la presidencia de la Societa Italiana y durante su mandato, que concluyó en 1925 fue el gran impulsor de la iniciativa. En oportunidad de las fiestas del 20 de setiembre de 1921 se decidió afrontar el antico progetto, cuya concreción se alentó durante muchos años; una asamblea de socios reunida en octubre siguiente aprobó por unanimidad la propuesta, que fue presentada por el cav. Antenor Beltrame; a los pocos días Juan Borgogno aportó cinco mil pesos para la obra; una nueva asamblea resolvió en enero de 1922 la construcción del teatro, y otra del 16 de julio confirió amplios poderes a los directivos para encararla.

 

El 7 de octubre de 1922 el gobernador Enrique Mosca presidió los actos de la declaratoria de ciudad y al día siguiente se colocó la piedra fundamental del Teatro Verdi, por lo que Cañada de Gómez estrenó su condición de tal al tiempo que su colectividad italiana iniciaba la concreción de una obra que no estaba exenta de una indudable vocación de grandeza. En una nota de La Capital de Rosario, en la que se hace la crónica de los festejos, se dice que:

 

“La declaración oficial de ciudad llevada a cabo por el Gobierno de la Provincia, dio lugar a diversos actos en Cañada de Gómez, entre los que merecen citarse el de la colocación de la piedra fundamental del futuro edificio de la Sociedad Unione e Benevolenza. A las 11 horas de ayer la gran mayoría de los socios encontrábanse reunidos en el viejo local de la sociedad, llegando en esos instantes especialmente invitados el Gobernador de la Provincia, vice Gobernador, Ministro de Gobierno, Cónsul General de Italia en Rosario, Jefe Político de Rosario (...) realizándose momentos después la colocación de la piedra del nuevo edificio-teatro, haciendo uso de la palabra el presidente de la sociedad y el Regio Cónsul Italiano. Después de visitar las dependencias de la Unione e Benevolenza se sirvió un gran banquete...”

 

Los cimientos del teatro, al que se impuso el nombre ilustre de Verdi, comenzaron a abrirse el 13 de julio de 1923, y la estructura del monumental edificio, que requirió fuertes vigas de hierro y miles de ladrillos, costó la importante suma de doscientos mil pesos. La hermosa construcción, cuya erección resulta sorprendente si se analizan las circunstancias de espacio y tiempo en que fue concretada, fue concebido en 1922 por el joven ingeniero cañadense Dante Ardigó, y su edificación realizada por los constructores Alberto y Pedro Franzinelli, quienes levantaron varias de las más destacadas residencias cañadenses. Por eso El Eco de Iriondo pudo expresar con orgullo que

“Una de las particularidades de la edificación del teatro “Verdi” es que casi toda la obra ha sido ejecutada por empresarios y obreros de esta ciudad. Merece especial mención el plano y proyecto del edificio compilados por el distinguido hijo de esta ciudad, ingeniero Dante Ardigó, cuya obra representa lo más moderno en la materia”.

 

Dante Ardigó, que había nacido en Cañada de Gómez el 15 de octubre de 1895, como presidente del Centro de Estudiantes de Ingeniería de la Capital fue un destacado dirigente de la Reforma Universitaria de 1918, presidiendo también la Federación Universitaria de Buenos Aires al año siguiente. Fue luego docente en las universidades de esa ciudad, La Plata y del Litoral, ocupó la presidencia de Ferrocarriles Argentinos, en 1921 se desempeñó como convencional constituyente de Santa Fe en representación de la Democracia Progresista y también presidió el Consejo General de Educación de la Provincia.

 

El arquitecto Jorge Terradez escribió sobre la sala el texto siguiente:

 

“Fachada sin sorpresas la de ese teatro. Suma de elementos neoclásicos donde el lenguaje moderno de las celosías metálicas y las barandas que denuncian un tratamiento actual del hierro, no se disimulan ni se exaltan. El clasicismo ha aprendido verdades utilitarias: levantar un tercio de altura el nivel de piso de la calle, “la rez de chausee”, para proteger los solados. Dos órdenes, planta baja y planta alta, prácticamente del mismo peso y valor expresivo, apenas más altas las bases de las columnas inferiores, un muro de sillería marcado pero que no alcanza a contrastar lo del plano bajo de lo del alto. Dos bahías en resalto en los extremos y tres centrales rehundidas para hacer clásico el tratamiento de la fachada (...) En mérito debemos decir que su funcionalidad, variedad de usos que permite, escalonamiento de ambientes, circulaciones jerarquizadas, amplitud de servicios, compensan con exceso sus pretensiones formales, y con óptica actual vemos cumplir en él programas que indudablemente no pudieron concebirse en su formulación original pero que resuelve sin inconvenientes de uso ni partido. Aún hoy es foyer de todos los espectáculos de alguna jerarquía que por estos lares vienen y van, y mantiene el Teatro un auténtico polo de atracción de real valencia cuando se piensa en la reunión multitudinaria detrás de un hecho artístico”.

 

Al inaugurarse el Teatro “Verdi” la comisión de la Unione e Benevolenza estaba integrada por Ferrucio Ardigó (presidente), Eugenio Maranetto (vicepresidente), Pedro Mamprín (secretario), J.B. Debernardinis (prosecretario), Cirilo Fraire (tesorero), Esteban Gusmano (protesorero), Juan Borgogno, Juan Galfré, Pedro Laguna, Antonio Cremona, Domingo Monti, Oreste Conni, Domingo Deffré, Napoleón Perrone, Domingo Repetto, Juan Baudissone, Olivo Martignon y Nazareno Patrizzi. Colaboró estrechamente con ella una comisión especial para la construcción del Teatro, también presidida por Ardigó, a quien secundaban Héctor Beltrame, Italo Beltrame, J.B. Debernardinis, Eugenio Maranetto, Agustín Borgogno, Cirilo Fraire, Juan Galfré, Manuel Brignardello, Pedro Laguna, Miguel Mondino, Antonio Cremona, Pedro Mamprín, Domingo Monti, Domingo Deffré, Oreste Conni, Roberto Boccio y Ambrosio Sironi.

 

El 14 de febrero de 1925, día de la inauguración del Verdi, apareció un número especial, en lujoso papel ilustración, de El Eco de Iriondo, que muestra en su portada una fotografía de grandes dimensiones en la que se aprecia la fachada del Teatro. En su interior se destinan dos páginas a una “Breve reseña histórica de la Sociedad Italiana Unione e Benevolenza que hoy festeja alborozada uno de sus mejores triunfos”, y también se incluyen fotografías sobre la entidad, notas sobre Verdi, sus óperas y “Los hombres de la jornada” –Ferrucio Ardigó, el cav. Antenor Beltrame, Juan Borgogno y Héctor Beltrame-, grandes impulsores de la magnífica obra, el programa de la función inaugural y numerosas adhesiones de la colectividad italiana de la ciudad.

 

En un comentario sobre el acontecimiento, se expresa:

 

“Con todo el brillo y lucimiento de las grandes fiestas, se inaugurará hoy el nuevo teatro, donde la sociedad cañadense podrá en adelante celebrar sus reuniones atrayentes y selectas. Se congregará esta noche en el Verdi un núcleo de distinguidas y arrogantes espectadoras que seguirán con sincero entusiasmo la actuación de los artistas durante el espectáculo que será todo un acontecimiento artístico y que revestirá el interés y encanto que es de esperar... Las cañadenses de hoy, al sentarse coquetamente en los palcos del Verdi, recordarán como una lejanía casi olvidada los palquitos del que fuera Teatro XX de Septiembre.