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Sobre la barranca tibia
donde el sol deja su huella,

una tortuga se demora
mirando el agua que la espera.

No tiene prisa, no corre,
que sabe el tiempo de los ríos,
es que cada zambullida
es también un acto de olvido.

El arroyo Cañada de Gómez
la llama con voz de espejo,
le cuenta historias de juncos,
de lluvias, de cielos viejos.

Ella escucha en silencio
el murmullo de la corriente,
y en un gesto de paciencia
se entrega al agua presente.

Tortuga de pasos sabios,
viajera de barro y de luna,
que al sumergirte en la Cañada
te hacés arroyo, te hacés espuma.

Que tu nado sea poema
y tu caparazón, canción,
porque en cada zambullida
guardás el pulso del corazón
de esta tierra y esta región.