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A cien años de su muerte, 10 de febrero de 1926

ELIAS BERTÓLA, PIONERO DEL PERIODISMO Y LA CARTOGRAFÍA

Y AUTOR DE LOS APUNTES HISTÓRICOS DE CAÑADA

Nota 1a Por Gerardo Álvarez

En vísperas de los tradicionales festejos del 20 de setiembre, en el año 1891 se produjo una seria reyerta en el seno de La colectividad italiana nucleada,

hasta ese momento y desde 1883 en la Unione e Benevolenza y escindida, a partir de entonces y a lo largo de una década, entre esa entidad y Unione Colonia Italiana. Dicha fisura debió producirse seguramente a causa de diferencias y enconos originados por opuestas y encontradas opiniones frente a la política italiana de la época, y el testimonio más ilustrativo al respecto es el único ejemplar del periódico titulado con el nombre de la segunda de las sociedades nombradas que, en setiembre de 1892, daba cuenta del indudable afianzamiento institucional de esa agrupación de inmigrantes. Y ello pudo apreciarse no sólo a través de la mención del colegio sostenido por la misma, que era la única escuela extranjera del pueblo cuyo director, Rugero M. Carenzio, tenía título de maestro normal, lo que no era común en la época, sino además por su entusiasta titular, «Le Feste d’inaugurazione delle Bandiere -Il nostro triunfo», y la no menos enfática crónica de aquella inolvidable celebración del XX Settembre iniciada con los infaltables disparos de bombas de estruendo:

«La atmósfera se cargaba cada vez mas de oxigeno patriótico; un ir y venir continuo, una animación insólita daba a la floreciente y progresista Cañada de Gómez el aspecto de una simpática pequeña ciudad… El Presidente continuamente a caballo dirigía personalmente todo lo que había que hacer, se lo veía por todos lados (…) Las calles principales estaban totalmente adornadas con pendones, banderas, escudos, trofeos, etc. Una buena parte de las casas se encontraban embanderadas; nuestras tricolores se encontraban junto con los colores argentinos, franceses, suizos, españoles, alemanes, norteamericanos e ingleses… La Estación rebosaba de gente, la mitad de la cual llevaba un moño de seda tricolor en el ojal de la solapa. Eran los socios de Unione Colonia Italiana...».

La vívida crónica hizo además referencia al arribo de personalidades que se trasladaron desde Rosario para participar de los festejos, al numeroso cortejo que recorrió las calles céntricas y a la lluvia de papelitos tricolores con las inscripciones «´Viva l´Italia!´, ´Viva Unione Colonia Italiana!´, ´Viva la República Argentina!´» que a su paso se arrojaban desde las azoteas…. Y ese exaltado garibaldino de la Pampa Gringa que dirigía a caballo los preparativos de la celebración, presidía la nueva entidad y también dirigía su periódico, que se redactaba en idioma italiano y fue el tercero aparecido en el pueblo, era Elias Bertóla, un inquieto inmigrante que debió radicarse en él hacia 1880, cuando luego de realizar varios viajes a la Argentina siendo oficial de la marina italiana decidió establecerse en ella, desconociéndose su lugar de origen, aunque su apellido es muy común en la región italiana de Le Marche. Y fue él, junto a Juan Malberti, Bautista Nicoli, Francisco Garrone, Nicolas Martelli, Cipriano Iermoli, Enrique Manzotti, Esteban Giordano y Ambrosio Frangi, según expresa quien esto escribe en el primer tomo de su historia de Cañada de Gñomez, uno de los principales propulsores de la segunda entidad fundada por los italianos del pueblo que,

«Poco después de su fundación (…) adquirió unos lotes de terreno en la misma manzana que ocupaban los edificios y patios de la Unione e Benevolenza y levantó un gran salón de dos plantas, más amplio que el XX Settembre, en la esquina de Ballesteros y Pacífico, ahora Yrigoyen…»

Sin embargo, cuando aún no había transcurrido una década a contar desde su fundación, según señalara brevemente Bertóla en sus Apuntes históricos,

«Un violento temporal que se desencadenó la noche del 8 de noviembre de 1900 destruyó el edificio social, salvándose tan solo en medio de las ruinas las Banderas Italiana y Argentina».

Otro convecino de entonces, Ignacio Besson, también destacó en su diario personal que en aquella terrible madrugada «grandes vientos rompieron árboles, se estropeó parte del Salón de los Italianos y volaron techos», tras lo cual Bertóla y quienes hasta ese momento habían sido sus entusiastas colaboradores no se sintieron con fuerzas para reconstruir el importante edificio de dos plantas de Unione Colonia Italiana y continuar con la labor de la entidad que los nucleaba, razón por la cual ella dejó de existir. Pero ese desgraciado siniestro determinó, imprevistamentem que se produjera la reunificación de la colectividad italiana, ya que algo después Bertóla y los demás directivos de la entidad que desaparecía reingresaron a la Unione e Benevolenza, al tiempo que se incorporaba a su patrimonio el céntrico terreno de Ballesteros y Pacífico, que ya se llamaba Umberto Iº…. Y por eso, cuando se constituyó en Sub-Comité Italiano que viajó a la Exposición de Turín, Italia, en 1911, lo conformaron antiguos dirigentes de la Unione e Benevolenza, como Juan Bima, Oreste Bogetti, Camilo Varni, Antenor Beltrame y Antonio Aires, y también Elías Bertóla y Bautista Nícoli, dos de los más caracterizados dirigentes de la entidad desaparecida a raíz del siniestro del año 1900.

Pero la actuación institucional de Bertola en el Cañada de fines del s. XIX e inicios del siguiente no se limitó a esa visible labor al frente de la Unione Colonia Italiana, ya que al tiempo en que transcurría la etapa fundacional de dicha sociedad de socorros mutuos, tal como expresara quien escribe en el libro antes mencionado,

«Con la constitución, el 25 de febrero de 1891, de la Sociedad de Fomento Musical que presidía Melitón Gómez, el pueblo contó por primera vez con una entidad de la que dependía una banda. Entre sus directivos estaban José Stemberg, Antenor Beltrame, Augusto Trouillet, Guillermo de Altube, Pascual Zambrini, Teodoro Woss, Hipólito Blaisot, Elías Bertóla, Wenceslao Machado y Alfredo Frandini (…) Una crónica aparecida en el periódico cañadense El Comercio en 1892, expresaba que:

«…con gran satisfacción hemos oído tocar en nuestra plaza pública a la banda del pueblo, la que se ha portado dignamente, ejecutando varias piezas de ópera y opereta de reconocido mérito con bastante precisión. Esto abona mucho en pro de su director, señor Antonio Lucini, quien en poco tiempo ha sabido operar un cambio radical en la organización de la banda».

Al igual que otros recordables inmigrantes que residieron en el pueblo durante el s. XIX e inicios del siguiente, como el norteamericano Enrique James, el alemán Augusto Schnack, los españoles Tomas Gauset o Guillermo José de Altube, el suizo Andrés Frey, el francés Augusto Trouillet o sus compatriotas italianos Félix Pagani y Bautista Nicoli, Bertóla integro la Comisión de Fomento, correspondiéndole hacerlo

cuando la presidía don Melitón Gómez y era tesorero el mencionado James. Iniciada la gestión de sus integrantes el 23 de octubre de 1890, según expresara quien esto escribe en el primer tomo de su Historia de Cañada de Gómez,

«Entre las medidas por ellos adoptadas deben destacarse las destinadas a mejorar la higiene pública y alejar del radio céntrico los corrales de abasto y las casas de tolerancia (…), la reparación de los pocos puentes que permitían atravesar el Arroyo, el arreglo del camino que conducía a la fábrica de caña de Heiland y de otros senderos rurales…».