En este último tramo del Adviento, el Evangelio nos invita a caminar junto a María y José, acompañando una historia que no fue como la
imaginaron, pero que fue vivida con una fe profunda y una confianza infinita en la providencia de Dios.
La vida no siempre llega como la soñamos, y aceptar sus caminos requiere decir “sí”, aun en medio de las dificultades. María dijo que sí, y José también. Desde la sencillez, la fragilidad y lo pequeño, Dios eligió hacerse presente.
Este tiempo nos recuerda que la Navidad no es grandeza ni espectáculo, sino cercanía, sencillez y vida que nace. Nos invita a descubrir a Jesús en lo cotidiano, en las cosas simples, en cada niño, especialmente en los más frágiles y olvidados.
Que sepamos reconocer su rostro en cada persona que encontramos y vivir este misterio con alegría, humildad y esperanza.
✨ Un Dios que se hizo carne, pequeño y compañero de camino para siempre.



































