¡Entregará!
1) La mesa: No le pidas a Dios que te quite las tormentas, más bien pídele que te enseñe a bailar bajo la lluvia. Las tormentas de la vida no
vienen a destruirte, sino a mostrarte de qué estás hecho, a revelar esa fuerza que no sabías que tenías hasta que no tuviste otra opción. Recuerda que el árbol que sobrevive a la tormenta no lo hace porque el viento no sopló, sino lo hace porque sus raíces son más profundas que el mismo miedo. Pedir que te quiten las dificultades es pedir que te quiten las posibilidades de crecer, porque el crecimiento aparece cuando hay resistencia, cuando uno aprende a moverse dentro del dolor y empieza a hacerse fuerte.
2) Pregúntale: Es necesario también que te preguntes dónde estás parado y por dónde va yendo tu vida, fíjate en dónde está hoy tu historia. Date la posibilidad de sentarte y ver con quién compartes tu vivir. Estamos en Martes Santo y seguís con el acelere. Baja un cambio y fíjate en dónde estás parado y con quién estás caminando, capaz que dejaste a mucha gente de lado.
3) Judas: Dostoyevski decía: “Cuanto más oscura es la noche, más brillan las estrellas; cuanto más profundo es el dolor, más cercano está Dios”. Por eso, también todos pasaremos por un Judas que nos traicionará y nos hará doler la vida, pero la vida es un crecer desde el dolor. Dios te eligió como eres. Una vez, recuerdo, cuando dudaba de mi vocación, me acerqué al sacerdote y le dije “Creo que Dios no eligió al hombre correcto”. Él me miró y me dijo “Pero Dios es tu Dios correcto”. Confía en Dios, incluso cuando te traicionen, incluso cuando te sientas perdido.
Algo bueno está por venir.
Misioneros Digitales Católicos



































