Triduo Pascual
1) Inspirado: Me viene a la mente el profeta Jeremías. El profeta que escribe “Lamentaciones”, que es su diario de quejas contra Dios.
“Dios me llevó de la luz a las tinieblas”. Otra que es similar a la que decimos “Dios no me escucha”. Jeremías presenta en ese libro cinco capítulos de enojo, rabia y angustia, que veremos en el transcurso del Triduo, especialmente el Jueves y el Viernes Santo, en las primeras lecturas. Creo que por eso no está mal decirle a Dios lo que uno siente. En Jeremías leemos entre líneas “Está vida apesta”. Por eso estos días veremos escritos del Antiguo Testamento, de Lamentaciones y de Isaías. Todo esto nos muestra que es válido mostrarle a Dios nuestra queja. Dice en una parte del libro “Delante de Él expondré mi queja”, “Ante Él manifestaré mi angustia”. No es pecado y Dios no toma a mal que le digamos “Estoy angustiado” , “Estoy mal”, “Estoy triste”, “Otra vez me quedé sin trabajo”. Está bien que no estés bien a veces. Tenemos que aprender cuando no estamos bien a pedir ayuda. Es importante dejarse ayudar. A veces la depresión y la tristeza pueden aflojar al mejor de nosotros, por eso es importante el servicio de ayudar al que está caído.
2) El Padre: Hace dos semanas me fui a terapia intensiva a ver un enfermo. El señor me dijo “Padre, quiero hacerle una pregunta complicada” pero en estos días de terapia pienso mucho. Le dije “Hablé nomás”. “¿Por qué cuando empezamos a saber, tenemos que empezar a irnos?”. Porque cuando empezamos a tener la edad de jubilarnos o madurar o ser sabios, se empieza a acabar la película. Me quedé pensando en este planteo. Porque qué distinta sería la vida si empezamos con este planteo. Hoy Jesús te muestra que la vida es para vivirla en y desde el servicio, porque haciendo la vida de alguien mejor, tu vida es un gran modo de vivir.
3) Eucaristía: Hoy celebramos al Pan vivo bajado del cielo. Es lo que nos mantiene como Iglesia y es el eje central de nuestro vivir. La Iglesia está viva aún en estos tiempos porque es Cristo Eucaristía quien la mantiene. Esto nos lleva a que en la vida o somos piedra o somos esponja, o resistir o recibir. Cuando enfrentamos una crisis podemos endurecernos y huir de Dios, resistir a Dios. Los corazones endurecidos nunca sanan. Los corazones de esponja, sí. Efesios, 5 nos dice “Nunca te dejaré” y en cada Eucaristía se renueva el pacto de amor.
Algo bueno está por venir.
Misioneros Digitales Católicos



































