Gloria
1) Pasado: Hoy quiero recordarte que eres eterno y que tenés un Espíritu que te mueve y te llena de vida. Me gustaría recordarte la frase
de Descartes “Pienso, luego existo” en la cual dice que, cuando llega la muerte física, desaparece la mente. Hoy doy vuelta esta frase: “Existo y luego pienso”, porque la muerte física ya no es el fin, sino una transformación. Ahí te explico también esa experiencia de muchos que me dicen “Padre, en una operación estuve muerto, pero volví y vi todo, vivo”. Por lo tanto, te recuerdo que tu realidad es que sos eterno y que vivirás en Dios y que la muerte no tiene la última palabra. Existís antes de pensar y por tanto anhela esa eternidad y busca siempre esa esperanza de vivir en Dios.
2) Temblor: Hay tres preguntas que creo que te tenés que contestar: ¿Quién soy? ¿Quién estoy siendo? y ¿Quién debo ser? Si no te animas a responder estas preguntas es porque hay algo que debes cambiar. Por lo tanto, hoy date esa oportunidad de mirarte vos y decidir de una vez por tu vida y por tu historia. Es la etapa cuando tenés que darte cuenta de vivir y salir del automático. Es poder mirar tu espacio de vida y saber por dónde caminar. Es comprender que si no tenés en claro tu historia y tu identidad, es difícil que puedas resucitar.
3) Decirles: Me gustaría terminar con algo que escuché por ahí, que te puede ayudar a cambiar para resucitar y resucitar para cambiar:
El ignorante opina sin ser llamado. El sabio espera a ser invitado.
El ignorante corrige para sentirse superior, el sabio comparte desde la humildad y desde la semejanza.
El ignorante reacciona desde su herida, el sabio responde desde la presencia.
El ignorante ataca las ideas que no comprende, el sabio observa lo que esas ideas despiertan en él.
El ignorante busca tener razón, el sabio busca ver con claridad.
El ignorante habla más fuerte cuando duda, el sabio baja la voz cuando comprende.
El ignorante siempre querrá salvar a los demás, el sabio respetará el proceso de cada uno.
El ignorante se defiende de todo porque vive en alerta, el sabio no se siente amenazado porque vive en presencia.
El ignorante juzga el comportamiento, mientras que el sabio mira el estado mental del que lo origina.
El ignorante deja ruido tras su paso, el sabio deja espacio, huella y presencia.
El ignorante jamás reconocerá la sabiduría, en cambio la sabiduría reconoce al instante la ignorancia.
Los ignorantes compiten entre sí porque creen que el crecimiento del otro los empequeñece, mientras que los sabios celebran el despertar de los demás porque refleja la verdad de la vida.
Hoy resucita y deja de mentirte porque la verdad en vos te hace libre y vives.
Algo bueno está por venir.
Misioneros Digitales Católicos



































