El mundo

1) Odiar: Aunque el mundo te odie y la gente cercana te abandone, Dios no abandona la obra que hace en vos. Dios perfecciona todo lo que

hizo y puso en vos. Recordá que Dios no deja cosas por la mitad. Fíjate que el Pedro que esta noche niega a Jesús es el que lo proclama en Pentecostés mañana. El Sansón que hoy está ciego y débil, y del que todo el mundo se burla, puede que use su fuerza final para reducir a escombros los pilares de la impiedad. Puede que el tartamudo del que hoy se ríen, es capaz de ser el futuro Moisés que libere. Por eso, no temas lo que el mundo puede hacerte.

2) Los saqué: No tenemos que juzgar, pues eso solo corresponde a Dios. Hay gente que cree que es cónsul del cielo y hasta dan visa para ir, pero no. No es tarea tuya ni mía decidir quién va y quién no al cielo. Dios nos pide que salgamos de ello, pero cuántos de los que estamos metidos en el mundo religioso nos hemos convertido en etiqueteros públicos de la gente.

3) Ustedes: Dios nos llama por nuestro nombre, aunque conoce nuestros pecados y también conoce nuestros errores. En cambio, el diablo, sabiendo nuestro nombre nos termina llamando por nuestro pecado. “Seremos conocidos por el amor”, como enseña san Juan de la Cruz. Seremos juzgados por cuanto hemos amado. Jesús honró siempre la dignidad de las personas y siempre respetó a las personas, incluso más allá de lo que esa persona esté rotulada, y dio lugar tanto a Nicodemo, siendo un gran religioso, como a la samaritana que tuvo cinco maridos y era tomada como la más rápida del pueblo. Por eso, para Jesús siempre hay una oportunidad.

Algo bueno está por venir.

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