La resurrección

1) Niegan: Hace unos años atrás leí una historia, que me llamó mucho la atención y te la comparto: un tipo fue a parar a la cárcel porque robó un

banco. Cuando su madre fue a visitarlo a la prisión él le pidió que se acercara lo más posible, porque le quería contar un secreto. El tema es que ella se acercó y él le mordió la oreja y hasta le sacó un pedazo. Los guardias se abalanzaron sobre él y lo llevaron a la celda. Un guardia le gritó, no puedes ser tan mal tipo, “Lastimaste a tu propia madre”. El muchacho le dijo: “Esa mujer que dice ser mi madre se rió cuando robé unos lápices en la escuela y me felicitó cuando más tarde me quedé con una calculadora de un compañero. Hasta me dijo: “Gracias a eso no será necesario que compre una”. Si ella me hubiese corregido a tiempo y me hubiera obligado a devolver lo que no era mío, hoy no estaría pudriéndome en una cárcel. Por eso, una de las charlas que doy en los colegios es aclararle a los papás que tenemos la responsabilidad de educar a los que van a crecer y serán adultos, dándonos cuenta de nuestras omisiones, de cuando cerramos la boca y cuando nos reímos cuando incluso no hay que reírse; de cuando celebramos la canallada por la que no se tiene que reír. Esto no es ser antiguo, sino más bien es un principio bíblico: “Los padres que no corrigen se creen más sabios que Dios”. Corregir es duro, porque tu hijo te va a decir: “te odio”, “no te quiero más”, pero bueno, Dios te puso como sacerdote del hogar. Por eso, si quieres ganarte el desprecio de tus hijos, entonces no los corrijas…

2) Descendencia: La exigencia y el perfeccionismo provocan agotamiento, estrés, desánimo y nunca estamos a gusto con lo que conseguimos, porque siempre queremos más y nunca hay un límite. Jamás llegas al objetivo porque siempre se puede mejorar. Hay veces que el peor enemigo se encuentra dentro de uno. Eso nos afecta la autoestima, porque el que es exigente, tanto consigo mismo como con los terceros, está convencido de que alcanza con mucho esfuerzo y voluntad lo que quiere y, si tiene que pisotear a quien sea, lo hará. Querer y poder no son sinónimos: poder es tener la capacidad de hacer algo, pero no implica querer. El error es parte del éxito, por eso céntrate en tu fortaleza para mejorar y avanzar. No te focalices tanto en los errores o en las debilidades. No busques ser el mejor, sino que busca ser mejor.

3) Vivientes: En un frío invierno estaban patinando dos muchachos. En la movida fueron a una zona donde el hielo estaba fino. Uno de los chicos cayó al agua. El amigo, en la desesperación, veía cómo la corriente lo llevaba (sabemos que en cuestión de segundos se podría morir por el frío). En ese instante empezó a golpear el piso de hielo con una piedra y logró abrir el boquete para que salga su amigo. Eso le salvó la vida. Cuando pasó todo y la situación se calmó uno de ellos analizó lo que pasó y dijo: “Es imposible que con una pequeña piedra una persona rompa ese hielo tan duro, es imposible”, y alguien que escuchó la charla dijo: “Yo sí sé cómo lo hizo, lo pudo hacer porque nadie estaba acá para decirle que era imposible”. Por eso, cuántas veces les decimos a los demás que las cosas son imposibles por el simple hecho de que nosotros no somos capaces de hacerlo o no sabemos cómo hacerlo. Y lo que es peor, cuántas veces le hacemos caso a los que nos dicen que es imposible y bajamos los brazos y no lo intentamos más. Por lo tanto, no dudes nunca de tus posibilidades y logra resucitar para ser una buena persona y crecer en la fe, porque siempre podemos lograr ser un poquito mejor que lo que éramos ayer y seremos una mejor versión de lo que somos hoy.

Algo bueno está por venir.

 

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