1) Hombres: Esperar el aplauso nos puede perjudicar en la vida, por eso no busques vivir siempre esperando de los hombres. No vamos a fiestas para que nos noten o a la misma Iglesia para que nos noten. La clave es aprender a servir en el anonimato, algo que a todos los hombres nos cuesta. Si alguien nos nota y se sorprende de lo que hacemos ahí cambia la cosa. Es mejor sorprender que defraudar. Uno se decepciona cuando las expectativas son grandes y muy altas. Jesús, en su evangelio, nos enseña a desarrollar el músculo de alegrarse con los que se alegran, alegrarse por el otro y no por tu reconocimiento. Cuando uno empieza a ver lo bueno en la gente que te rodea es ahí donde empieza a invertir la polaridad del corazón. Esto también trato de verlo en la Iglesia. Es maravilloso ver cómo empezamos a articular cuando vemos sacerdotes que predican, otros que cantan, otros que enseñan, etc. Esa es la clave “Articular más que envidiar”. El otro aporta algo que yo no puedo aportar, cosas en las que yo no soy bueno, pero otro sí. Es lindo ver cuando alguien se alegra por mis logros y que triste ver envidias disfrazadas de elogios.

2) Recompensa: Como diría un cura amigo: “Cuando Dios dice que te vayas, ándate completamente”. Hay personas que les gusta arrastrar gente, hasta curas que cuando cambian de parroquia se llevan gente de esa parroquia a la nueva. A eso le llamo el complejo de Jonás, “Nunca se quieren hundir solos”. Tenés que recordar que Dios te cambia la asignación y es dejar las relaciones conexionales que desarrollaste bajo el liderazgo de alguien más. Por eso no trates de llevar gente contigo (lo digo en general para toda tu vida), porque no son tu gente. Cuando decidas irte de un lugar o de la vida de una persona no te lleves ni la cosecha. Aprende a bendecir el sitio que abandonas, a la persona que abandonas. No te aferres a cosas que te generan tormenta en medio del mar, es mejor soltar. Dios nunca te va a bendecir hundiendo a marineros que van en tu propia barca. Si dejas a alguien o algo ándate y no te lleves nada.

3) Secreto: Dios no califica a las personas por categoría como nosotros. Dios ama a todos por igual, a las personas deprimidas, como las cultas o las personas que abortan o con ideas políticas diferentes a las nuestras. Dios ama a todos y lo único que pide es que le obedezcamos, que lo escuchemos y que confiemos en Él.