Jesús nos recuerda que la Palabra de Dios es como una semilla que se siembra generosamente en cada corazón. A veces cae en tierra dura, entre espinas
o sobre piedras, y parece no dar fruto. Sin embargo, el Señor nunca deja de sembrar.
Aun cuando nos distraemos, cuando el enojo, las preocupaciones o el egoísmo ocupan nuestro corazón, Dios sigue confiando en nosotros. Sigue esperando que, en algún rincón de nuestra vida, esa semilla encuentre tierra fértil y pueda crecer.
🌱 Cada gesto de amor, solidaridad, perdón, servicio, ternura o empatía es fruto de esa semilla que un día encontró un lugar donde echar raíces.
En este domingo, pidámosle al Señor que no deje de sembrar en nosotros. Que nos conceda un corazón abierto para recibir su Palabra y hacerla vida, para que el bien crezca en medio de las dificultades y podamos dar frutos que transformen nuestra familia, nuestra comunidad y nuestro mundo.
"Señor, no te canses de sembrar en mi corazón. Ayudame a ser tierra fértil para que tu Palabra dé abundantes frutos." 🙏🌾💛

































