1) Nicodemo: Muchas veces me pregunto: ¿por qué los creyentes no somos mejores personas? Somos el único ejército que remata a sus heridos. Ni siquiera los políticos se matan entre ellos, porque hasta luego hacen alianzas. Pero nosotros, los creyentes, nos atacamos, nos matamos. Están los de la sana doctrina, los de la “sarna” doctrina, los de la mejor doctrina y así… Siempre estamos atacándonos. Somos hipócritas, nos encanta mandar al infierno al que no piense igual que nosotros; somos sectarios, segregacionistas. Se han hecho cosas horribles en el nombre de Dios. Las barbaridades que seguimos haciendo los que estamos en la religión no son enseñanza de Jesús, sino que son más bien nuestras desobediencias. Él nos mandó a amar y bendecir, incluso a los enemigos. Nunca dijo: “Contéstale a este” o “retrúcale en las redes sociales”. Reconozco que los que seguimos al Señor a veces avergonzamos el evangelio, pero no es culpa de una mala enseñanza de Jesús, sino más bien de nuestra desobediencia. Por eso, en Nicodemo nos mostramos como seguidores ocultos.

2) Levantó: Si una persona viene a Cristo, te guste o no, viene al mismo Cristo de los católicos, de los protestantes, de los del Opus Dei, de los de Schoenstatt o de la Acción Católica. Hay un solo Cristo, no hay varios. Por eso, hoy celebramos la Exaltación de la Cruz, para que nos volvamos a unir en el único Cristo que dio la vida por nosotros. Nadie más que Cristo dio la vida por nosotros. Hay uno solo. Lo que hay son doctrinas diferentes, lo que hay es interpretaciones diferentes o carismas diferentes. Pero hay un Cristo. Hoy celebramos al Cristo que dio la vida por nosotros. Lo que nos separa no es Cristo, sino las doctrinas. Recordá que la gente nos lee a nosotros antes que a la Biblia. Por eso, hoy mirá a Cristo crucificado y acordate que solo Él puede salvarnos.

3) Juzgar: Hoy te propongo un ayuno de negatividad. Siempre te sugiero para la Cuaresma un ayuno de redes sociales o de celular. Hoy, en este día, te propongo ayunar de negatividad. Acordate que lo que no suma, resta. Así que es hora de cortar cosas o cualquier relación que te deprima y de la cual necesitás abstenerte para no sumar negatividad. Yo trabajé mucho mi interior para renunciar a buscar ser querido o esos afectos buscados para centrarme a lo espiritual y abandonarme a su voluntad. Me confundí e interpreté mediocridad con debilidad. Creía que la vulnerabilidad era falta de espiritualidad y pensaba que la gente no me iba a respetar si les mostraba mis luchas y creía que la autenticidad socavaba la autoridad. Jesús me quitó el velo del perfeccionismo y del que tenía que mostrarme perfectito y siempre bien. Cuando fui perdonado y libre, sentí como que me sacaban como si fuera un tumor. Aprendí a estar en el presente sin buscar deslumbrar a los demás y perdí el miedo al qué dirán. Me di cuenta que cada vez me importa menos lo que la gente piense y no me refiero a una vida libertina. Aprendí a no fingir. El quitarme la máscara me quitó el temor a los hombres y de los que vivían de mí, el miedo a mostrarme vulnerable o que me conozcan tal cual como soy. Cuando veo la cruz, entiendo el lema: “Nada que proteger, nada que perder”. Eso me hizo inmune tanto a las críticas como a los aplausos, porque los aplausos son tan dañinos como las críticas y, por sobre todo, descubrí que lo único que nos debe interesar es que Dios esté tan cerca tuyo que hasta lo puedas tocar. Hoy celebramos la Cruz que nos lleva a resucitar.