1) Buscando: Con el correr de los años yo tuve que entender que la fe y la duda son parte de nuestra vida como cristianos. Es parte de una ecuación que no se puede separar. La fe y la duda… casi siempre se habla de la fe y se tiende a subestimar la duda, pero las dudas nos ayudan a entender. Te presento tres categorías de duda:
a) la falta de evidencia de Dios: no podemos mostrarle al inconverso “Mira, aquí está Dios”, sería tan fácil. Es difícil, especialmente cuando esa persona a la que tratamos de convencer que existe Dios tuvo una tragedia y se pregunta dónde estuvo Dios.
b) los que necesitan señal para creer: si hasta nosotros le hemos pedido a Dios: “Dame una señal”.
Nosotros podemos sentir el trueno de Dios o ver el humo de Dios. Podemos comer el maná o hasta ver cómo se abre en dos el Mar Rojo para que pasemos, pero pasado unos meses nos quejaremos por vivir en el desierto y querremos regresar a la esclavitud de Egipto porque allí se comía buena cebolla.
c) convencer a la gente que Dios existe: no resolvería el problema básico de la raza humana que es su corazón. Por eso, no es que Dios no aparece, sino que el tema de la duda va más allá, es cuando uno se cierra de corazón.
2) Multitud: Como dice el dicho: “Corre detrás de todo lo que quieras menos de la muerte y del amor, porque tarde o temprano ellos te terminan encontrando”. Pero, en todo lo que te relaciones y con quienes te relaciones, recuerda que si todo lo que ofreciste no fue suficiente, capaz que te convenga ofrecer tu ausencia, porque la sal no está en el menú, pero, cuando falta, se siente. Así que evita la tentación de demostrar lo inteligente que eres, porque es mucho más inteligente ocultar los mecanismos de tu inteligencia. La mayoría de las personas no buscan la verdad, sino más bien consuelo e ilusiones, por eso nosotros sabemos quién es la Verdad.
3) Hermanos: En el camino de tu vida tendrás que enfrentar y cumplir la voluntad de Dios y saber dejar de lado los caprichos de uno mismo. Cuando uno se cierra, se aísla, pero cuando uno se abre a la voluntad de Dios se da cuenta que hay una familia. Capaz que no tu familia de sangre, pero sí familia en el espíritu. Aprende a darte cuenta de que la familia no pasa por quien compartió tu niñez, sino más bien por quien te acompaña en la vejez. Familia no es quien se acerca a la mesa para comer, sino aquel que te ayuda a comer. Familia no es quien te está compartiendo la ropa, sino el que te ayuda cuando te sientes sola o solo. Familia no es por cuestión de sangre o de piel, sino quien te acompaña y te sabe comprender.
Algo bueno está por venir.
































