1) Llover: Volver a empezar no es fracasar, ni tampoco decir que perdí el tiempo, sino que es concederse una nueva oportunidad de ver a Jesús con ojos nuevos, y entender las cosas desde otra mirada. Solemos pedir a Dios siempre algo, pero nos olvidamos de que, para que haya algo nuevo, deben romperse cosas viejas, y eso es lo que debemos trabajar, asumir y aceptar.

2) Tiempos: Siempre me gusta recordar que la brújula fue inventada antes que el reloj. Porque saber hacia dónde ir es más importante que saber cuánto tiempo se tarda en llegar. No te desesperes por el tiempo que tardas en llegar a tu objetivo de vida. Si tenés en claro hacia dónde estás yendo y que lo haces por la dirección correcta confía y mantén tu paz interior. No importa cuánto tardes en llegar, sino más bien fíjate en ir por el camino correcto, porque, si sabes que vas por buen camino, todo saldrá bien. Ten calma.

3) Juez: Siempre me pregunto en quién me convierto cuando afronto un problema. De todas las etapas de nuestra vida vamos a pasar muchas adversidades y nos olvidamos de quiénes nos vamos convirtiendo cuando enfrentamos una batalla. Puedo ser zanahoria, huevo o café. En cuanto aparece el agua hirviendo, según cómo asuma esta situación, voy a tener un cambio: puedo ser como la zanahoria que, ante el agua hirviendo (los problemas de la vida) me convierto en una persona blanda y me destrozan. Como también puedo ser como el huevo, que se pone duro (que por fuera está todo normal, pero por dentro está todo duro) o puedo ser como el café, que termina usando el agua hirviendo para aportar y dar un aroma distinto a la vida. Vos, ¿sos una zanahoria, sos un huevo o sos el café? Algo bueno está por venir.