1) Enseñaba: Aprendemos con la vida que el dolor nos moldea, pero que no nos define, que las pérdidas pasan a ser transformaciones y que cada error es un peldaño más en la escalera de nuestro crecimiento. Con los años vamos entendiendo que la paz no está en las cosas que tenemos, sino en lo que somos. Las personas llegan y se van, pero el amor y la fe permanecen. Aprendemos también a soltar lo que nos pesa y a valorar lo que nos importa, porque eso nos va haciendo madurar y nos hace entender que el perdonar no es a los demás, sino más bien es liberarnos a nosotros mismos. Jesús nos enseña a entender que cada día escribimos una página en nuestra historia y cada experiencia nos enseña y cada lección nos fortalece.
2) Encorvada: La persona que está dominada por el ego tiene la suma de algunos elementos. Me voy a referir a tres: “el miedo”, porque todo miedo es provocado por el ego, y el mayor miedo que todos tenemos es a la muerte. El segundo elemento es el miedo a “nunca ser feliz”. Lo que tenemos son momentos de placer cuando uno consigue ese objetivo material que se propuso conseguir. Recordemos a Bernardita con la Virgen de Lourdes, cuando la Virgen le dijo “No prometo hacerla feliz en la tierra, sino en el cielo”. Por último, el tercer elemento que el ego te lleva a pensar es que “nunca serás libre”. Tendremos una pseudo libertad, porque el ego siempre tiene que buscar la aprobación de la gente y del entorno. Que la gente te diga “qué hermoso que estás o qué bonito lo que haces”. Estos tres elementos “miedo a la muerte, a no ser feliz y a la falta de libertad” te llevan a que, desde el ego, vivas encorvado y que estés sometido a normas, personas. En cambio, cuando uno vive la vida espiritual, vive feliz y es auténtico, no espera el aplauso de los demás, sino que busca la auténtica identidad. Lo que vos realmente piensas, está en clave. Lo que uno hace y piensa, es ayudar a los demás. Cuando llegas a la madurez espiritual sos libre, feliz y sin miedo a la muerte. El ego te genera miedo, la espiritualidad te lleva a superar toda adversidad.
3) Enderezó: Cuando tenemos una vida espiritual y damos ese espacio a la meditación y a la oración plena con el Señor, hay algo en esa persona que lo ilumina y lo fortalece. Cuando uno está con Dios me animo a decirte que hasta el rostro cambia. No me refiero a que te tenés que ir de retiro o estar encerrado con sahumerios, me refiero a orar de corazón. Por eso, la tradición que tienen los monjes cuando oran es que se ponen capucha, recordando el suceso de Moisés, cuando al hablar con Dios el rostro se ilumina. Busca hablar con Dios y tu rostro lo va a demostrar. Algo bueno está por venir.




































