1) Multitud: Cuenta la historia que Polícrates era un rey muy reconocido en el mundo griego. Tenía todo, pero la ansiedad y el miedo al futuro no lo dejaban disfrutar de la vida. Eso lo llevó a estar siempre intranquilo, temeroso. Un día, mandó a llamar a uno de los grandes sabios del mundo griego y le preguntó qué podía hacer ante la realidad de que ya ni siquiera podía dormir tranquilo. El sabio le dijo: “Despréndete de aquello que amas más para calmar tu miedo”. El rey se fue al mar y en esos días decidió tirar su anillo de esmeralda, como desprendimiento total de lo que más valoraba. Pasados los días, el rey recibió un regalo por parte de un navío. Era un pez gigante; al abrirlo, encontró el anillo de esmeralda que había tirado. Por eso, comprendió que, por más que uno quiera controlar el futuro, no se puede evitar lo inevitable. Recuerda que tu realidad no la define tu entorno, sino más bien la define tu mente, porque puedes tenerlo todo por fuera, pero, si tu mente siempre se aferra al miedo de perder, entonces más que buscar el cielo, tu misma vida se termina convirtiendo en un infierno. Sufrir por adelantado no te protege del futuro, sino que te roba el presente. La santidad pasa por aprender a disfrutar de lo que hoy tenés en tus manos y confiar en lo que Dios puede hacer de tu futuro.

2) Consolados: Lo material no proporciona felicidad ni sentido a la vida. Eso también pasa cuando en lo afectivo buscamos consuelo. Muchísima gente me dice: “Yo estoy buscando a alguien que me quiera”. No. Lo material o ciertos momentos afectivos dan solo momentos de placer, lo cual es distinto. El problema es cuando vos confundís placer con felicidad. Recordá que el placer es efímero y al placer le sigue el sufrimiento. Aquí entra el problema de que el placer, condicionado por el ego, es insaciable, porque cuando vos buscas un objetivo material (o una relación para no sentirte solo o sola), lo conseguís, pero te aseguro que al poco tiempo ese objetivo se vuelve habitual, pierde interés y, automáticamente, necesitas otro. Por tanto, eso no satisface y no da paz interior, solo te da únicamente momentos de placer.

3) Trabajan: Cuanto más te acercas a Jesús más santo quieres ser, entendiendo santidad por relación con Dios y no por ser perfecto para Dios. Por eso, cuando creo que necesito que el cura me controle o debo cumplir normas y marcarlas para lograr la santidad, entonces estoy errado. No comprendí la simpleza del Evangelio. Cuando las preocupaciones nos quitan la frescura del Evangelio, entonces ahí nos perdemos. Santidad es volver al primer amor en la relación con Jesús. Feliz Día de los Santos, porque nos recuerdan que la santidad no está lejos, sino muy dentro. Algo bueno está por venir.