
La provincia franciscana decidió dejar sin frailes el histórico convento San Carlos de San Lorenzo. “Tras los muros, sordos ruidos, oír se dejan de dineros y de negocios…” Fuente: Diariosintesis.com.ar
Muchos lo saben, pocos se preocupan. Casi nadie. Un silencio cómplice parece adueñarse de lo que puede llegar a ser una de las vergüenzas más dramáticas de la única ciudad donde José de San Martín peleó contra los enemigos durante las guerras de la independencia. En un incierto pasado ha quedado aquel rumor en el que el joven coronel San Martín había echado a los frailes del convento San Carlos por considerarlos sospechosos, ya que la mayoría era de nacionalidad española. Sin embargo, la correspondencia sanmartiniana luego del combate en San Lorenzo, dio cuenta de la valerosa colaboración de los sacerdotes franciscanos. Esos momentos ocurridos en la historia naciente de la patria fueron fundacionales, hitos que fundieron historias, cultura, costumbres, que llegan hasta nuestros días. Y el convento, el museo, la parroquia San Lorenzo Mártir, el Campo de la Gloria, la primer escuela patria que es el Colegio San Carlos, conforman un entramado tan rico e inusual que ha caracterizado a la ciudad de San Lorenzo por más de doscientos años.
Los franciscanos, que vinieron a hacerse cargo de todas las propiedades y bienes que dejaron los Jesuitas cuando fueron expulsados de América, comenzaron a forjar su propia historia. Y su impronta, quiérase o no, ya no es exclusiva de ellos, sino que ha pasado a formar parte de un patrimonio histórico y cultural que caracteriza a la ciudad de San Lorenzo. Hasta el punto que la fecha de la fundación de la ciudad es tomada de aquel 6 de mayo de 1796, día en que los franciscanos dejaron la estancia San Miguel y se trasladaron a vivir al recientemente construido Convento San Carlos.
El histórico convento, con sus frailes de indumentaria amarronada, de estirpe pobre y cargando la cruz de aquel diácono de Asís, que llegó a ser patrono de los animales, los veterinarios y del medio ambiente, hoy parece eclipsar ante la ambición de los negocios. Por lo menos es lo que asoma en el horizonte inmediato al conocerse la decisión de erradicar a todos los frailes del histórico convento.
La orden del superior a cargo, Fray Emilio Andrada, fue la de enviar a los pocos frailes que habitan el lugar, y que luchan por sostener y hasta por revitalizar el convento, a diferentes destinos.
Hasta el momento, la información fidedigna es que los frailes deberán abandonar el convento a más tardar en marzo de 2020. La mayoría se irá antes de esa fecha. Luego, el convento quedará a solas, sin presencia de frailes. Es muy posible que algún fraile mantenga la liturgia en la parroquia San Lorenzo Mártir durante algunos meses. No se sabe qué decisión se tomará al respecto. Se habla de que un párroco diocesano se haría cargo de dar misa los fines de semana, pero hasta el día de hoy no hay ninguna confirmación oficial.
“Tras los muros, sordos ruidos, oír se dejan de dineros y de negocios…”
Rumores, habladurías, teorías, sospechas, hay muchas. Aunque es impensable que la parte del convento donde habitan los religiosos quede desierta, sin que nadie la habite. Puede llegar a ser una posibilidad, lo cierto es que la fuerza de los negocios rompe y traspasa los muros. De hecho, la orden franciscana tiene un predio que ya está cercado y presto a construir un edificio con shopping, aunque esas obras se encuentren paralizadas luego del escándalo ocurrido con la cooperativa portuaria cuando fue detenido su presidente Herme Juárez y, entre otros, el contador Rubén Téves, quien era uno de los vinculados a esa obra. A eso hay que sumarle los locales que se comercializan sobre el Paseo del Pino, en la avenida San Martín y las regalías por el Museo. Y hasta se habla de un millonario subsidio que nadie sabe quién lo cobra. Mucho dinero que no ingresa a los frailes, que viven en la pobreza y en un sector del convento que no ha sido renovado desde hace décadas. Esa parte no es visible al público y contrasta con la exquisita renovación del resto de la edificación conventual.
Y los rumores que circulan solapadamente hablan de la conversión de todo el sector donde fuera el seminario en un hotel boutique. Es decir, la intención es hacer negocios, a pesar de que hubo intentos firmes de reconvertir el lugar, manteniendo la religiosidad evidente de una orden que se ha caracterizado por los votos de pobreza y el amor a la naturaleza.
También circuló la información de que la provincia franciscana, que abarca hasta Paraguay, traería al convento toda la orfebrería franciscana para exhibirla y para ello utilizarían el sector donde hasta hoy habitan los frailes.
Ahora la esperanza está puesta en la comunidad de la región (¿con sus dirigentes a la cabeza?), que sepa oponerse a un avasallamiento más sobre nuestra historia y que sepa defender su identidad ante los oscuros negocios de unos pocos.
Los franciscanos forman parte de nuestra comunidad y sería una pérdida irreparable erradicarlos de un lugar al cual ellos le otorgaron sentido histórico.




































