
TORTUGAS, 12 de marzo de 1870.-
A mi querido pueblo:
Hoy voy a escribirte a ti, el lugar que cobijó mis días tristes y felices, junto al paisaje perdido de tunares, chañarcitos y cañaverales,
las nobles calles de tierra de mis primeros días, las batallantes comadrejas al ser descubiertas, el croar de los sapos y el escuchar el sonido de una bala, cuando las perdices levantan vuelo en su huida.
Sí, todo esto es verdad, y así fueron y serán las cosas en el centro de la Argentina, donde el calor nos sumerge en un abismo y el frío del invierno nos pone a prueba con las heladas, que aparecen en el silencio de las madrugadas, junto al chasquido de los fuertes vientos.
Todo es muy cierto, pero no podríamos festejar sin por lo menos recordar a los Querandíes, una derivación de los Pampas, pero con una diferencia, la mansedumbre de su comportamiento, que, aprovechándose del miedo de los primeros pobladores, huían con cautivas blancas al galope, desafiando el tiempo y las horas, solamente haciéndole frente al vendaval de los días.
Así crecimos en el Pago del Desmochado, enfrentando epidemias, inundaciones, desarraigos, instalación de postas, delitos que nos helaron la sangre, junto al antiguo camino de carretas y viajes de diligencias, lugar donde justo en ese momento, alguien llegó para revolucionar nuestras vidas y su paso, acortó distancias y favoreció el comercio, pues el ferrocarril abrió puertas y dejó atrás promesas, que después también se cristalizarían con el nacimiento de la Ruta Nacional Nº 9 y el advenimiento de la autopista.
Y la gente del mundo se vino a poblar estas tierras, con un solo propósito, intentar una nueva vida, y aquí algunos decidieron estar solos, otros, formaron su familia, algunos se volvieron, mientras la mayoría apostó a un mañana plagado de ideas y sueños. Esos fueron los que trabajando la tierra de sol a sombra nos legaron su historia, la que también un día me atreví a contar.
Ya estaban todos sus protagonistas y por ende cada cosa en su lugar. El pueblo despegó sin vuelta atrás, aparecieron las instituciones, asociaciones, un boulevard que hoy ya no está, costumbres, traslados, nuevas construcciones, luz permanente, canalizaciones, obras millonarias, flamantes historias, como también fracasos, que tarde o temprano, se perdieron en las nubes del olvido.
Ahora bien, después de cincuenta años de recorrer cada sendero, me atrevo a preguntar: ¿Quién no ha visto pasar por sus calles algún corazón roto?, ¿Quién no se ha atrevido a mojar los pies en la fuente de la plaza o en noches de luna muy clara, rozar las aguas de la pileta del CAUT?, ¿Quién no ha encontrado a la persona ideal, llenando así su corazón de amor? ¿Quién no lo ha elegido para traer y criar sus hijos? ¿Quién no se ha maravillado con sus propios relatos como si fueran cuentos o leyendas del pasado de un pueblo elegido para vivir?
Tortugas es un sentimiento que se lleva en cada entraña del ser que todos construimos desde nuestro propio camino, es el escenario donde nos forjamos nuestra vida, desde un principio hasta el final.
¡FELIZ CIENTO CINCUENTA AÑOS!
¿Quién soy yo? El que puede saber un poquito más que otro de tu pasado, eso sí, sin lugar a dudas, tu eterno admirador............



































