
Si pensamos en el tema del día, enseguida aparece el Corona Virus...
Si pensamos en el Corona Virus se nos enciende un cartel imaginario que viene a decirnos: Atención, peligro de muerte! Un peligro
que viene a justificar la aceptación personal y social de la cuarentena por un tiempo determinado y, para muchos, también a presagiar un cambio en las formas de vivir de buena parte del planeta.
La cuarentena no solo es una de las medidas más drásticas para contener la expansión de una epidemia, también es un espacio de tiempo en el que el aislamiento (voluntario u obligado) nos hace de espejo frente a nosotros mismos y nos permite reconocer los límites internos para manejarnos ante el aburrimiento (que no necesariamente debiera considerarse como algo negativo) y el tiempo (un tiempo por lo general manipulado).
Por otro lado, nos pone de manifiesto las posibilidades materiales “reales" y de espacio físico del que disponemos para
sobrevivir. Sin entrar a considerar los efectos secundarios que pueden proyectarse en el tiempo y todo lo que conlleva la separación de los seres queridos, la pérdida de “libertad", la incertidumbre sobre el estado de la enfermedad y el aburrimiento, es oportuno ver cuestiones vinculadas a “un estado del ser en condiciones extremas jamás imaginadas por la mayoría”.
En realidad hay dos estados que analizar: El estado personal y el colectivo. El primero está marcado por “el cómo" cada uno es capaz de pararse, enfrentarse, asumirse frente a la vida y la propia vulnerabilidad. Por todo lo que hayamos ido construyendo y, sobre
todo, descubriendo de nosotros mismos como elementos de valor para saber enfrentar con mayores o menores elementos circunstancias inesperadas y adversas. Porque una pandemia es un estado que podríamos considerar de “adversidad” - que nos expone a una limitación importante, de dificultad para continuar con nuestros proyectos, trabajos, objetivos; aunque con razón alguien pueda considerarla otra cosa o verla de otra manera.
El segundo, el estado colectivo, está marcado significativamente y en gran medida por la conformación de la sociedad en la que vivimos. Es decir, por las costumbres, las leyes y la forma de ejercer el poder que existe dentro de la misma. Así, por ejemplo, algunas sociedades logran que la mayoría “sienta que otras personas se beneficiarán de la decisión de uno mismo de hacer una cuarentena y acepte el confinamiento”; lo cual hará que las situaciones estresantes sean más fáciles de soportar. Un altruismo que en otras sociedades tendrá sus límites "si a las personas se les pide que se pongan en cuarentena sin información adecuada”.
El impacto psicológico
Muchos hablan del impacto económico y psicológico desigual de la cuarentena o confinamiento; aclarando que será más amplio, sustancial y duradero, según la conformación social del país en el que se aplique.
Evidentemente que privar a las personas de su trabajo, sustento y libertad para el bien público en general es, a menudo, polémico y debe manejarse con cuidado. Aunque esto no sugiere que la cuarentena no deba aplicarse, ya que los efectos psicológicos de no realizar cuarentena y permitir que la enfermedad se propague podrían ser peores.
En el viejo debate entre "libertad o salud pública", personalmente no entro porque considero que “ambas son inseparables”;
solo la avaricia y el dogmatismo que promueve la perversidad humana intentan poner a una sobre la otra.
Una vez resuelta la cuestión de la subsistencia, que será más o menos complicada según el caso, lo importante y trascendente de este momento quizá sea “observar y observarnos con la mayor serenidad y profundidad posible”; ver nuestras limitaciones y también nuestras posibilidades ante diferentes circunstancias, reflexionar sobre "la sustancia, los valores y los medios” – no solo económicos - de los que disponemos para transitar un espacio de tiempo que llamamos “vida” con cierto grado de “felicidad” (con “f” minúscula, la única posible, según sostienen la mayoría de los terapeutas).
Es decir, "ver de qué estamos hechos"... Y mirar también las repercusiones que tienen en nosotros mismos y en el sistema que
alentamos – marcado por una lógica que subyace de un creciente economicismo - las acciones cotidianas fuera del estado de
confinamiento o cuarentena.
Porque este estado en el que estamos, aunque nos resulte agotador y parezca interminable, como un día llegó va a terminar; tiene fecha de “caducidad” diría un amigo... Así que aprovechemos todo lo que nos puede dar, además de estrés, subidas de peso, angustias, ira o salidas ocurrentes.
Esta podría ser la primer batalla ganada, quizá la única que podamos librar en términos personales ante una pandemia ocasionada por un virus que, prácticamente, todos los poderes del mundo subestimaron en su capacidad de propagación y virulencia. Poderes a los que ese viejo político uruguayo, el Pepe Mujica, hoy convertido en una especie de "filósofo mediático” por su valentía, claridad y elocuencia bien supo definir como auténticos “Mamarrachos” para enfrentar la situación generada por el Covid 19.




































