
El Párroco que espero
Es verdad que al P. Ernesto Fernández muchos ya lo conocen por haber sido Vicario Parroquial de Nuestra Señora de la Merced y
Párroco de María mediadora de todas las gracias; sin embargo la experiencia indica que en las comunidades que esperan un nuevo Párroco cada uno tiene su idea de cómo debiera ser, y en esto no creo que la comunidad mercedaria sea la excepción.
El nuevo cura debiera ser San Antonio de Padua predicando, ser entretenido, saber relacionarse con la gente, hacer milagros con el dinero de la colecta, mantener en buen estado la iglesia y las dependencias parroquiales, estar siempre a mano cuando se lo necesite, no enojarse nunca, estar siempre alegre, no enfermarse, no ausentarse, ser psicólogo, director espiritual, consejero matrimonial, paño de lágrimas, uno que sabe de todo, asistente social, contenedor de adolescentes difíciles y mucho más.
En realidad lo que interesa, lo único verdaderamente necesario, es que sea un sacerdote santo: un sacerdote que cuando nos hable notemos que está enamorado de Jesucristo, que celebre los sacramentos y especialmente la Santa Misa, con unción y no como si fuera animador de un espectáculo mundano, que enseñe a rezar y a vivir una relación de amor con Dios y con el prójimo, que trate a todos con el mismo amor de Cristo, especialmente a los pobres, débiles y sufrientes, que nos ayude a comprender que ni Él ni nadie es el Señor de la Iglesia porque sólo lo es Jesucristo que la amó hasta entregar su vida por ella.
Un sacerdote santo es un don del cielo porque la santidad es siempre don de Dios; para ser santo el P. Ernesto, como todo sacerdote necesita de la gracia de Dios y del amor de su comunidad.
La gracia de Dios obviamente no le ha de faltar; Él se la ofrecerá hasta el último aliento de su vida para que pueda decir con San Pablo he combatido el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe.
Ahora bien, cuando una comunidad ama a su Párroco le saca lo mejor de sí, no para que sea el sacerdote ideal que cada uno imagina sino el que Dios quiere para ella en este momento presente y que obviamente no será como el anterior ni como su sucesor sino él, como cada uno de nosotros único e irrepetible.
Dios Padre que llamó al sacerdocio ministerial al P. Ernesto, Jesucristo que lo envió y el Santo Espíritu que lo consagró nos lo entreguen por la mediación maternal de Nuestra Señora de la Merced y nosotros lo recibamos para responder juntos a la común vocación a la santidad.
Monseñor Emilio Cardarelli




































