"Os digo, además, que améis vuestra bajeza; y amar la propia bajeza consiste en esto: si sois humildes, pacíficos, dulces, y mantenéis la
confianza en los momentos de oscuridad y de impotencia, si no os inquietáis, no os angustiáis, no perdéis la paz por nada, sino que abrazáis estas cruces cordialmente –no digo precisamente con alegría sino con decisión y constancia- y permanecéis firmes en estas tinieblas..., actuando así, amaréis vuestra bajeza, porque ¿qué es ser objeto de bajeza sino estar en la oscuridad y en la impotencia?" (Epist.III, p.566).




































