"Os lo suplico, mis queridos hijos, por el amor de Dios: no tengáis miedo a Dios porque él no quiere haceros mal alguno; amadlo

mucho porque os quiere hacer un gran bien. Caminad sencillamente con la seguridad de que acertáis en vuestras decisiones, y rechazad como crueles tentaciones esas reflexiones espirituales que hacéis de vuestros males(Epist.III, p.569)