Mi Amado Maestro, llego la noche y buscamos presurosos tu presencia, como lo hacian tus primeros discípulos y esa multitud que hoy

nos narró tu Palabra, porque tu sola presencia nos colma de paz, esperanza y sanidad.

Muchas gracias por salir a nuestro encuentro en todas nuestras dificultades y contrariedades que la vida nos presenta.

Gracias Señor por ayudarnos a llevar nuestra cruz.

Nuestro ruego es, ahora que nos disponemos a descansar, nos concedas lo que más ansie y necesite nuestros corazones.

Bendice a nuestros seres queridos, especialmente a aquellos que no se sienten amados por Ti...Amén.