Oh Jesús, mí dulce amigo.., amado y eterno amigo, te queremos dar las gracias por el amor de nuestros amigos, por ese amor que nos hace sentir humanos y comprometidos.

Gracias por la amistad fraterna que refleja la pluralidad de ideas, obras, palabras, silencios y vivencias sinceras que no la explican las palabras, sino el corazón. Te imploramos Señor, nos permitas ser cada vez más amigos tuyo, que nuestra amistad sea cada día, más vigorosa y hermosa, alimentada por tu Fe, para que cada hermano se vea en el alma del projimo y así poder encontrar el camino de lo eterno, para gloria de tu Reino. Señor Jesús ayúdanos a saber ser amigos tuyos, como Tú lo eres con nosotros desde toda la eternidad. Con tu poderosa bendición, nos disponemos a descansar, para poder de nuevo mañana, ser antorchas y no espejos para emitir tu sagrada luz. . Amén