Mi amado Señor al llegar la noche vengo presuroso a Ti, para nuestra cita dándote gracias por bendecirme con tu eterna miseriordia,

por ayudarme a abrir mi espíritu, mi voluntad y mi corazón, para no olvidar que sin Ti, nada puedo y nada soy, porque si dejo que el mal se apodere de mí, el aprovechará el momento y se instalará.

Te imploro, mi buen Pastor, que siempre triunfe el bien, que yo nunca olvide que el mal se saca con la fuerza de la oración y el ayuno.

Concédeme Señor junto a mis seres queridos tu santa bendición para poder tranquilos descansar en tu paz y bien... Amén