Mí Dios y Mí Señor, otra noche más en el regocijo fraterno de saberte que estás a mi lado y al lado de mis seres queridos.

 

Gracias Señor por hacernos sentir tu mano protectora y sanadora, el saber que obras e intervienes en todo aquello que no sabemos resolver, en todo aquello en que no vemos salida alguna.

Gracias por ser ese Dios poderoso, único, irrepetible y omnipotente, quien en todo momento nos demuestras el poder infinito de tu amor, nuevamente gracias por quedarte y acompañarnos con tu santa bendición a descansar... Amén.