Amado Maestro llega nuevamente la noche, y con ella el silencio, en donde mi alma busca paz y quietud y solo tu santa presencia lo
sabe dar.
Gracias amado Maestro por esos brazos abiertos con que me recibes, porque sé que cada vez que te busco, ahí estás esperando por mí, porque Tú siempre estás y estarás hasta el final de los tiempos.
Gracias Señor por recibirme, aún con mis faltas, mis miserias y limitaciones pero te ruego que me concedas una nueva oportunidad.
Te amo Señor y confío en Ti, mi descanso es seguro y feliz porque todo está puesto en tus santas manos... Amén.




































