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Mí Señor y mí Dios, llega otra noche dejando los últimos rayos de luz, palpitando que ya ha llegado el sublime momento de entornar

la puerta de mi habitación, tranquilizar mis tensiones y disponerme para estar en tu santa y bendita presencia, para agradecerte el día que me has permitido vivir, gracias Señor por venir a mi encuentro y poder descansar en tus promesas y con tu Gracia dejando atrás mis inquietudes, angustias y miedos, ese miedo que acorrala al mundo todo con la pandemia, pero sabemos que Tú nos estás cubriendo y sanando con tu inmaculada y preciosa sangre que derrasmaste por todo el mundo en la Cruz.

Ahora llega el momento del reposo y del descanso y es mí deseo poder unirme al Salmista y cantarte.
"Con paciencia invoco a mi Señor porque Él siempre me escucha. Me concede los deseos de mi corazón, en su fidelidad "... Amén.