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Recuerdo como si fuera ayer el día en que nos conocimos, lo recuerdo de una forma tan vívida que me parece mentira que usted ya no esté físicamente.

 

Esto de las despedidas, bueno es una de las cosas humanas que jamás he podido entender, y hasta ahora sólo me he resignado a aquella frase que dice que “la vida es así”, que nacemos y morimos, o que cada uno tiene su “fecha de vencimiento”… pero soy como todas las personas, sabemos que la muerte nos alcanzará algún día, pero esperamos que tarde mucho en llegar… lastimosamente, para usted ese día llegó; llegó sin avisar, sin poder prepararnos para el dolor; para esta ausencia que nos desgarra el alma; para esta herida que nos deja su partida y que no tiene cura, tan sólo podemos aprender a vivir con ella

Por mi parte tengo mucho que agradecerle, algunas de esas cosas se las dije en vida, pero otras me las guardé y ahora me arrepiento.

Debí haberle dicho que siempre pensé que usted era una persona maravillosa, no importaban los defectos que tuviera o las críticas que pudiera realizar, para mí siempre fue una gran persona.

Le agradezco su amabilidad y empatía; que se preocupara por mí, y por ayudarme si es que se podía.

Agradezco su generosidad, solidaridad y sinceridad.

Agradezco el esfuerzo que hizo al criar a sus hijos, al inculcarles valores y principios, por apoyarlos e incentivar la confianza en sí mismos; en ellos usted ha de vivir siempre, en sus ojos y en el parecido de sus rostros.

Hasta siempre! De esa forma me despido, pues me niego a decirle adiós.

J Britos