
Los Hechos nos pintan los dos años del apóstol Pablo en Roma.
Él era judío de raza, ciudadano romano por herencia de su padre, y había sido instruido por maestros griegos en la ciudad de Tarso,
por eso podía dialogar en todos los ambientes, el religioso, el político y el intelectual, y así había hecho de esas condiciones, ocasiones propicias para anunciar el Evangelio de Jesús en todas partes.
No es para comparar, ni menospreciar, porque tener mejores capacidades no significa ser mejor persona, y la gracia de Dios no necesita de nuestras genialidades, y por más ilustrado que pueda ser alguien, siempre va a necesitar una comunidad donde insertarse y el servicio que le puedan brindar los demás, pero los demás no tenían las condiciones de san Pablo.
Lo que quiero destacar es que cuando aparece un discípulo capaz de ir más allá de las fronteras, sepamos respaldarlo, sobre todo si es capaz de meterse en lugares difíciles de acceder, que ya no son solo el mundo intelectual, con tantas corrientes de pensamiento contrarias a la fe, el mundo de la ciencia que tantas veces nos trata de atrasados o ignorantes; ni que hablar de la participación política o el ámbito judicial, podemos agregar el mundo de la comunicación social y todo lo virtual, en contraste con las realidades periféricas, marginadas, o directamente excluidas, y podríamos seguir agregando.
Nadie puede abarcar todo, eso se hace en comunidad, pero pidamos en la oración y estemos atentos a quienes están preparados para ser apóstoles donde la mayoría no llegamos.
Dios los llene de alegría y paz.




































