Mí amado Señor, te damos gracias y te alabamos por recordarnos que eres un Dios vivo que camina a nuestro lado todos los días, que

eres un Dios de conversos y pecadores, gracias por colmar nuestros corazones con gratitud fraterna y por permitirnos hacer silencio interior en oración continua, porque cuando la oración fluye de nuestras corazones, por tu gracia reina la fe, convirtiendonos en testimonios de amor.

Gracias por dejarnos ser y dar testimonios de Ti en cada momento de nuestro cotidiano existir.

Ahora mí amado Jesús, a la sombra de tus alas y las de nuestro buen Padre Dios, llévanos dentro tuyo a todos y antes de entregarnos al descanso, te rogamos que te quedes con nosotros y danos tu santa bendición... Amén.