
Mí Señor y mí Dios, no alcanzan mis momentos para poder agradecerte el experimentar tu inmenso amor en cada anochecer, Tú que
todo lo sabes, conoces de mis alegrías y de mis tristezas, de mí confianza en ti, sabiendo que me escuchas con fraterno amor en mi diaria oración.
Muchas gracias Señor por dejar que te hable a tu oído, contándote esas cosas que solo Tú y yo conocemos, cosas que son más del mundo que del cielo, pero con la ternura de tu mirada que todo lo puede, percibo la tranquilidad de tu perdón.
Déjame Señor abandonarme a tu amor misericordioso, que es infinito como un oceano que no tiene orillas, para así poder tranquilo descansar, encomendándome a tu Soberana Piedad y santa bendición... Amén




































