Amado Jesús, la noche del Día del Señor ya ha llegado y con ella mí mayor alegría es sentirte a mi lado, porque ya todo es calma en el

silencio de mi habitación y mí corazón así lo siente.

Gracias por tu constante ayuda, para no perder la alegría, la esperanza la confianza y la fe en Ti, aún cuando me toque pasar por la oscuridad de las penas, angustias y enfermedades y mi cruz sea más pesada que nunca.

Gracias Señor por ampararme y defenderme, por llenarme con la fuerza de tu amor. Abrázame muy fuerte y colmame de tu infinito amor y misericordia. Te pido Señor por todos mis hermanos, los que creen o no en Ti, sin importar sus historias de vida, porque tu amor todo lo puede, todo sana, lo convierte y lo transforma, te pido Señor que tu bendición llegue a todos.

Quédate Señor conmigo y con mis seres queridos hasta el amanecer, amparados y protejidos bajo el santo manto de tu Madre, la Virgen... Amén.