Señor Jesús, es inmenso y profundo mi agradecimiento en concederme la gracia de terminar un día más, te agradezco por la vida, por

la salud y por todas las bendiciones que me regalas, y en ocasiones no percibo, también agradezco el haberme enseñado a escuchar tu voz en mi corazón y a descubrirte como lo hizo María Magdalena, para testimoniarte con mis palabras y mis obras.

Amado Señor, Te alabo y te bendigo, una y mil veces por tu maravilloso poder y por la gracia sublime que derramas en mi alma, para poder ser siempre agradecido con mi Padre Dios.

Continúa concediendome el poder despertar cada mañana con una sed ardiente en mi corazón, de seguir escuchando tu Palabra.

En estos momentos de descanso, pido que nos concedas a todos sanación en cuerpo y espíritu, acompañados por tu santa bendición con el amparo y la protección de nuestra Santa Madre, la Virgen María... Amén.