Mi Amado Jesús, ya está terminando el día y con él la semana, siendo este el momento de nuestra encuentro íntimo para la oración de
mi fraterno agradecimiento, por todo lo que has sembrado en mi vida y en la de mis seres queridos, también por todo lo que he cosechado, siendo todos ellos, frutos de tu gracia y amor.
Concédeme Señor, la suficiente fuerza espiritual para poder responderte cuando me preguntes..."Y tu quien crees que soy..." y poder aclamar, que eres el Camino, la Verdad y la Vida y que solo Tú tienes palabras de vida eterna.
Por estos momentos me dispongo a descansar, rogándote que protejas todo lo que has infundido en mi corazón y en mi mente, para que sólo germinen, crezcan y perduren los verdaderos frutos buenos.
Permíteme Señor, reponer mis fuerzas descansando con serenidad y paz para que mañana, si Tú lo dispones, despertemos con la renovada vocación de espíritu para continuar alabándote y sirviéndote cada vez mejor... Amén.




































