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ORACIÓN AL SEÑOR POR INTERCESIÓN DE SAN PÍO DE PIETRELCINA
Oh Dios, que a San Pío de Pietrelcina, sacerdote capuchino, le has concedido el insigne privilegio de participar, de modo admirable,

de la pasión de tu Hijo: concédeme, por su intercesión, la gracia de… que ardientemente deseo; y otórgame, sobre todo, que yo me conforme a la muerte de Jesús para alcanzar después la gloria de la resurrección.

Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén (3 veces)

El Padre Pío y Pío XII

Estos dos hombres no se vieron nunca. El papa Pacelli, no dejó pasar una ocasión de hacer ver a sus visitantes la admiración que sentía por el Padre Pío. Siendo ya Papa, Eugenio Pacelli mostró benevolencia hacia el estigmatizado de Gargano. Una de las consignas que dio a la curia romana, fue: <>. Esta benevolencia se mantendrá durante todo su pontificado y su protección impidió toda nueva sanción o restricción infligida al Padre.

Y el Padre Pío, imaginando lo pesada que era la carga del soberano pontífice y lo grandes que eran las dificultades que encontraba, rezaba y hacía rezar por el papa. En su celda tenía sobre la mesa una foto de Pío XII. Al profesor Enrico Medi, que iba a ver al papa pocos días después, el Padre le pidió que le transmitiera esto: <>[1]

Reflexión: ¿Rezas por el Papa? ¿Procuras conocer su enseñanza? ¿Obedeces lo que el Papa enseña en lo referente a la fe y a la moral cristiana? Cuando se habla en contra de él o de la Iglesia, ¿lo defiendes?

ORACIÓN COMPUESTA POR SAN JUAN PABLO II
Enséñanos, te rogamos, la humildad de corazón para estar entre los pequeños del Evangelio a quienes el Padre prometió revelar los misterios de Su Reino.

Danos una mirada de fe capaz de reconocer inmediatamente en los pobres y en los que sufren el mismo rostro de Jesús.

Sostennos en la hora del combate y de la prueba y, si caemos, haznos experimentar la alegría del sacramento del perdón.

Transmítenos la tierna devoción hacia María, madre de Jesús y nuestra.

Acompáñanos en la peregrinación terrenal hacia la Patria celestial, a donde esperamos llegar también nosotros para contemplar por toda la eternidad la Gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén