Mi amado Señor, sólo me queda agradecerte porque sé que tu gracia me ha sostenido y no puedo ni calcular de cuantos peligros me
has librado hoy, pero si estoy seguro que fuiste Tú quien ha estado obrando en mi vida reconociendo tu grandeza y tu amor en cada una de las maravillas que vi hoy, me permitiste poder abrir mis ojos y contemplar la creación.
Gracias por la vida, por la salud, por mi familia, por mis amigos, por mi país, por el mundo entero y por la fortuna de saber que soy tu hijo amado, el niño de tus ojos y que, a pesar de mis debilidades y faltas, Tú estás allí guiando mis pasos, abriendo caminos y protegiéndome siempre... Amén




































