Amado Señor, como no darte gracias por este día que termina, por continuar escuchándome en mis plegarias, por estar
pendiente y brindarme todas mis necesidades, cualquiera fuesen, te agradezco por no abandonarme a la vera del camino a pesar de mis limitaciones.
Mi Señor te ofrezco la jornada vivida como expiación y ofrenda para que surgan en tu santa Iglesia abundantes y santos trabajadores, para que extiendan tu Reino sobre la faz de la tierra.
Amado Señor, gracias por tu Palabra y por tu Santo Espíritu que son el eje y guia en mi caminar, por estas horas mucho valoro Tú presencia en cada noche, por quedarte a mi lado esperando juntos un nuevo día y un nuevo amanecer...
Amén.



































