Mi amado Señor, con la premura que termina el día, también acudo presuroso con el ardiente deseo de agradecerte y corresponderte
con mi oracion, por todas las personas que has puesto en mi camino diario y me han prestado sus oídos para escucharme, por todos los hermanos que me han orientado en mis dudas, por toda la ayuda que pude brindar y por haber sido mano para levantar al que tropiza, en especial por esos momentos de encuentros intimos contigo plasmado en el rostro del prójimo.
Amado Señor, mi humilde corazón te alaba y te dice: ¡Gracias, Señor por todo!!, muchas gracias por elegirme y por seguir creyendo en mi, donde sabes que te voy responder, pero sin tu gracia no puedo hacerlo.
Gracias Señor, porque de nuevo elegiste quedarte como lo haces en cada noche y por regalarne tu santa bendición... Amén.




































