Mi amado Señor, te pido que me concedas la gracia de contemplar en todo momento tu cruz.

Se que tu presencia, Señor, inundan mi alma con tus dones y tu gracia omnipotente impregnándome con una creciente fe, una paz verdadera y una sublime serenidad.

Que tus mandamientos Señor, sean para mi cotidiano existir, una meta y eje de vida por el camino que me has marcado desde mi nacimiento y en donde mi respuesta es la seguir tu camino, llevando mi cruz porque otro no hay, si deseo ser tu elegido.

Llega el momento Señor, donde me preparo para el descanso y antes de finalizar la oración de la noche, quiero agradecerte por todo, por tus enseñanzas, por tus beneficios y por tu amor, así también pedirte, me ayudes a olvidarme de mi mismo, para saber ser instrumento de los demás, a saber contemplar tu rostro en cada hernano, en los más necesitados, en los indigentes de la calle, en los abuelos de cada geriátrico, en los enfermos de los hospitales, en los caminantes y en cada uno de los hermanos, cualquiera sea su credo y color piel del mundo entero...

Amén.