Mi amado Señor, te doy muchas gracias por hacer que nos encontremos en ésta, nuestra cita diaria donde te ofrezco aparte de mi
oración, mi corazón, ese corazón que late y busca en la fe, el respeto y la confianza que sólo en Ti encuentro con mucha serenidad y tranquilidad, para reponer mis fuerzas físicas y espirituales.
Permíteme Señor, de no perder nunca la sonrisa y la inocencia del niño que siempre llevo dentro de mi.
Amado Señor, ya es noche y te invito a que te quedes en mi casa, junto a nosotros y comparte con mis seres queridos porque tu nombre y tu presencia, infunden la paz, la serenidad, la confianza, la perdida al miedo y la esperanza... Amén



































